El pequeño comercio se prepara para abrir sus puertas con muchas precauciones e incertidumbre

La estricta observancia de las normas se explicita en los carteles que ahora se instalan en los comercios
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“Una ciudad sin comercio es una ciudad muerta”. Así resume Javier Mosquera, de área comercial Obelisco, su punto de vista sobre el panorama al que se enfrenta el sector mañana, día en el que se dará paso a la fase 1 de la desescalada. Al revés que los hosteleros, los pequeños comerciantes están dispuestos a abrir y recuperar la actividad, y se han venido equipando para ello, aunque la palabra que más se repite sobre los próximos días sea “incertidumbre”.

Alba Balsa ya tiene todo listo en su tienda Luces de Bohemia en Ángel Senra. No fue fácil encontrar todo el material necesario pero moviéndose aquí y allá, ha conseguido hacerse con hidrogel, guantes y mascarillas, que piensa entregar a su clientela. “Mi tipo de negocio no me permite estar detrás del mostrador, aunque voy a instalar una mampara”, explica la empresaria.

Siguiendo punto por punto el protocolo de la Xunta, cree estar “más que preparada”. Como su tienda es de regalos y complementos, no puede aislarse del trato de la persona, opta por pantalla de cara, mascarilla y al entrar los clientes pasan por un proceso higienizado de manos como hidrogel y le entrega guantes reutilizables “tipo frutería”. También controlará el aforo. “No tendrá más de dos personas a la vez o una unidad familiar”.

La cartelería es otra forma de prevención, el “No tocar” se puede ver a menudo. Las prendas de ropa pasan cuarentena y desinfección con planchado a vapor, limpieza e higienización del mostrador. Se intenta fomentar la venta online para minimizar la estancia al máximo y se instalan mamparas de metacrilato.

Sobre la marcha

En el pleno centro, en A & M Rancaño, su propietaria señala que “vamos un poco sobre la marcha”. “Estos días atrás he ido con cita, pero muy pocas. Vamos con ganas, pero estamos todos en una incertidumbre. Para una tienda pequeña es muy difícil”, explica la propietaria. Se limpia por la mañana, según se llega, luego a mediodía y una última vez antes de marcharse. Normalmente se usa lejía diluida, pero Rancaño ya se va a pasar al detergente para evitar el olor a gimnasio.

“Limpias incluso cosas de las que antes no eras conscientes, como las manijas”, dice. En cuanto a las prendas, casi todas las tiendas de ropa emplean vapor que mata al virus por el calor, aunque algunos también usan los cañones de ozono, a pesar de que su eficacia no están completada.

Sin embargo, en La Casita de Valeria, en Monte Alto, deciden emplear las dos medidas, para tratar de conseguir el máximo efecto, puesto que habían pedido un cañón de ozono para ayer mismo, para desinfectar cualquier superficie, tanto al mediodía como al cerrar por la noche.

Además, todos han limpiado sus locales, después de mes y medio cerrados, e incluso pintado paredes y muebles. “Contamos con que la mayoría abran –asegura Mosquera–. Es una buena medida que no haya que pedir cita previa, porque si no, sería una catástrofe”.

El pequeño comercio se prepara para abrir sus puertas con muchas precauciones e incertidumbre