Belén Álvarez y su marido llevan doce años en el programa de acogida de Cruz Roja y no tienen previsión de dejarlo. “Entramos por casualidad, porque habíamos visto una campaña publicitaria, y nos decidimos a participar”, explica Belén, quien asegura que se les toma cariño a los pequeños pero que es importante comprender el “carácter temporal” de la acogida. “Hay que concienciarse de que los niños tienen su familia; porque si no lo entiendes, no puedes participar en el programa”, afirma.
Otro requisito que destaca esta coruñesa es la flexibilidad que debe tener las familias voluntarias, por lo menos las que se “especializan” en acogidas de urgencia o bebés, como es su caso. “Una vez, me avisaron por la mañana y a las cinco de la tarde estaba recogiendo a dos niños”, relata. Belén asegura que, después de tanto tiempo, toda la familia lo ve como algo “natural”, incluso sus dos hijos: “Mi hija pequeña siempre me pregunta cuándo vamos a Cruz Roja para buscar un nuevo amigo”. n d.g.




















