El uso prolongado de pantallas digitales en el confinamiento aumentó los problemas oculares

Ana Fernández Vila es responsable de 4C Centro Óptico | javier alborés
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El uso prolongado de pantallas digitales durante el período de confinamiento obligado por la declaración de estado de alarma ha derivado en un incremento de los problemas oculares.

Los profesionales ópticos como Ana Fernández Vila o Sánchez Rubal se han encontrado desde su vuelta al trabajo con un aumento de dolencias como cefaleas, episodios de cansancio y ojos rojos, entre otras dolencias.

“El confinamiento nos ha repercutido de manera negativa porque durante mucho tiempo hemos estado metidos entre cuatro paredes. Sobre todo teletrabajando con pantallas a las que no estamos habituados y en muchos casos con más horas de las que estábamos acostumbrados”, apunta Fernández Vila, responsable de 4C Centro Óptico, ubicada en la céntrica calle de Santiago Rey Fernández Latorre.
Esta problemática provoca que los afectados se vean obligados a utilizar lágrimas artificiales para mejorar la hidratación de los ojos, ponerse gafas por primera vez o cambiar las antiguas por unas nuevas porque la graduación ha aumentado.

Como curiosidad, además, durante el confinamiento los optometristas se han encontrado con un incremento del volumen de rotura de gafas.

“Ahora mismo, al igual que durante el confinamiento que solo atendíamos urgencias, nos encontramos con muchas gafas rotas. Seguramente, sea una cuestión puntual y que con el paso del tiempo se vaya normalizando”, añade Fernández, que aprecia un pequeño incremento del volumen de trabajo con respecto a antes de la pandemia. 

Una pandemia que, por otra parte, también dejará hábitos que en principio son bastante positivos. Los principales: mayor higiene y más limpieza.

Por lo que respecta al sector de la óptica, a partir de ahora queda como obligatorio el uso de mascarilas y guantes. Los útiles y aparatos se desinfectarán cada vez que se usan con un cliente.

“Toda aquel que acude a nuestro centro tiene que traer su propia mascarilla. Al entrar le pedimos que se desinfecte las manos y una vez que se encuentra en el interior del gabinete no puede tocar absolutamente nada”, añade Fernández, al tiempo que señala que a los más pequeños se les ponen guantes.

Más negativo es que esta crisis sanitaria también implica una crisis económica por lo que estos profesionales vaticinan que en lo sucesivo, al igual que en el resto de sectores, los clientes invertirán solo en lo imprescindible. “El gasto, aunque sea en lo necesario, va a ser menor”, apostilla.

El uso prolongado de pantallas digitales en el confinamiento aumentó los problemas oculares