Crecen los casos de indigentes que duermen en edificios inacabados

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En A Coruña, según cifras del equipo de inclusión social del Ayuntamiento, existen a día de hoy 18 personas contabilizadas que viven en la calle. O, en su defecto, en algunos de los edificios que quedaron a medio acabar tras el estallido de la burbuja inmobiliaria que salpican la geografía coruñesa y que ahora se han convertido en el techo de los que no tenían ninguno. Es un fenómeno creciente, según las autoridades, que muchas veces tienen noticia de que han invadido un inmueble por algún incidente que provocan.
El último caso se dio el lunes pasado, cuando los bombero sacudieron al número 17 de la calle de la Sagrada Familia en respuesta a una alerta de incendio en un solar en obras. Lo que en un principio se suponía que eran unos maderos, resultó ser un colchón, lo que hizo suponer a las autoridades que alguien había adoptar el lugar como refugio.
Hace un año, un incidente similar en un edificio recién construido en los alrededores de la plaza de Atocha Alta provocó la alarma vecinal. El propietario aseguraba que el inmueble estaba vacío, y finalmente se descubrió que el foco se encontraba en  el garaje, por lo que se sospechó desde un principio de la existencia de okupas. Según fuentes de los servicios de emergencia, se han dado este año seis casos de incendios que se sabe o se sospecha fueron provocados por indigentes.

difícil de prevenir
El problema es que es muy difícil prevenir estos problemas, según reconocen las autoridades, porque muchos de estos edificios pertenecen a promotoras que han quebrado y que no presentan denuncias de allanamiento, así que es imposible para la Policía actuar. En Vioño, por ejemplo, llevan meses observando cómo entra y sale gente con “mala pinta” del único inmueble que queda por construir. “Avisamos a la Policía, y lo único que nos dijeron fue que se pasarían más y es cierto que lo hacen”, comentan en el bloque vecino.  
El edificio en sí solo tiene la estructura, pero los sótanos están acabados y es allí donde residen ahora media docena de sin techo. Al descender por las escaleras se encuentra un tienda de campaña y un par de grandes camas formadas por colchones sucios y cartones. Incluso debajo de un hueco por donde entra la luz se han instalado mesas y sillas.
Desde Servicios Sociales y el Refugio de Padre Rubinos se insiste en que se trabaja para conseguir que esta gente reciba ayuda, pero no es fácil. En muchos casos se trata de individuos con patologías como trastornos mentales o alguna adicción, como el alcoholismo, y que prefieren estar solos y vivir sin normas, aunque no siempre sin techo.

Crecen los casos de indigentes que duermen en edificios inacabados