“Cuba y Argentina tienen que estar llenas de Domingos soñando con su Ítaca gallega”

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El leonés cuenta en “Distintas formas de mirar el agua” (Alfaguara) el apego a una tierra a través de personajes a los que una laguna les arrancó su raíz. Sin que nadie se diera cuenta. Ni pensase que gracias a muchos, hoy sale agua de un grifo.  

 

Hay distintas formas de mirar el agua, pero todas son correctas. ¿No cree?

Sí, y de mirar la vida. De mirar todo. Cada uno proyecta en su mirada su manera de entender el mundo y todas son válidas y necesarias, sobre todo, en la sociedad española, que cree tener la verdad absoluta y participa en debates y tertulias, donde nadie escucha a nadie ni intenta comprenderlo. Todos tienen la razón y creen estar en posesión de la verdad, pero la única verdad que existe es un periódico de Murcia.

¿Es su relato más personal?

Todos los relatos son autobiográficos, no por lo que cuentan sino porque reflejan el alma del escritor. Puede parecer el más próximo, sí, porque cuenta la historia de una familia a la que un pantano la expulsó de su pueblo. Esto no lo viví directamente, pero sí de una forma indirecta porque nací en Vegamián por casualidad. Mi padre era el maestro y estuvimos allí dos años hasta que empezaron las obras y nos trasladamos. No tengo apenas recuerdos. Solo de cuando la vaciaron y volví a ver la laguna con 13 años. Lo que vi fue el paisaje del fin del mundo. Estuve en mi casa, en la escuela donde todavía quedaba el encerado y truchas muertas entre el lodo. Hay un ensayo de Eugenio Trías, donde dice que debajo de la belleza tiene que haber algo siniestro. De ahí que al personaje del automovilista le parezca bonita la laguna y piense: “Han tenido suerte estos turistas”.

No puede terminar mejor el libro que con la mirada de un ignorante de lo que allí se está celebrando.

Es la mirada de la sociedad española, que bien por ignorancia o comodidad no quieren saber lo que no les gusta. Tienden a ocultarlo y no saben lo que cuesta el agua. Cuando llega la factura a fin de mes, desconocen el sufrimiento de miles de personas y ronda la anécdota de Franco inaugurando pantanos, pero ¿qué paso con la gente trasplantada?

Y pasa que en el libro, los personajes más jóvenes son los más desarraigados. ¿Consecuencia de la globalización?

La globalización es más de barniz. Se viaja más, pero al final los de Coruña son de Coruña. El desarraigo se produce cuanto mayor sea la distancia al lugar o a la experiencia de ser trasplantado. Se lo hago decir a un personaje y es algo que oí yo a una persona, que los que se van a los pueblos de las colonizaciones tienen que aprender a mirar.

Y la familia marca el ritmo de un relato que parece poesía.

Para mí eso es un halago porque escribir no es contar por contar. Hay una diferencia entre la escritura y la literatura. En esta última hay misterio y poesía, que es la música interior de las palabras. Ahora se confunde todo, pero solo la literatura tiene esa atmósfera que traslada al lector.

¿Cada vez hay menos Domingos?

Cada vez que a alguien le arrancan de un lugar, se convierte en un Domingo. Cuba y Argentina tienen que estar llenos de Domingos soñando con su Ítaca gallega.

“Cuba y Argentina tienen que estar llenas de Domingos soñando con su Ítaca gallega”