Ideas importadas para los juguetes más sostenibles

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Hay veces en las que los empresarios se quejan de que los ratios de importación son muy elevados para hacer competitivas a las fábricas españolas, pero lo que sí funciona es la importación de ideas originales que dan un vuelco al tejido comercial coruñés.
Iniciativas innovadoras y llegadas de otros países más avanzados en ecología como las de Bettina Korten y Alessandra Dentamaro, una alemana y la otra italiana, que se afincaron en la ciudad hace años y que acaban de dar a luz su sueño Lummerland. En esa tienda de juguetes, en los que la madera y el reciclaje de productos para convertirlos en otra cosa predomina, ambas dan forma a un proyecto que fraguaron “durante año y medio a pleno ritmo” en sus cabezas y en sus facturas telefónicas. 
Durante todo ese tiempo contactaron con numerosos proveedores de juguetes para dar con aquellos que respetaran lo que ellas querían que representará Lummerland. Es decir, la venta “de juguetes de toda la vida recuperando los criterios éticos, ecológicos y sostenibles, que además duran más”. Así lo cuenta Bettina, que reconoce que los productos que salgan esta Navidad o cualquier día podrían acompañar al niño “durante toda su vida. 
Los puzzles, las piezas de construcción, los cochecitos con ruedas o las marionetas –entre las cosas que se encuentran buceando hasta la isla Lummerland inspirada en “Jim Botón y Lucas el maquinista”– estarán ahí. 
“Muchos de los que hay responden ahora a un concepto de usar y tirar porque están definidos por la ropa, por las pinturas... No dejan margen al niño a imaginar y por eso se aburre pronto”, destaca Alessandra, que como madre reciente incide en que los pequeños de la casa “necesitan estímulos”. 
Pero para encontrar esos estímulos ecológicos han tenido que irse también a la importación porque al país le queda mucho por hacer en este campo. Fuera incluso han encontrado talleres que dan empleo a personas con discapacidad. Ahora, ambas dueñas aseguran que van a comenzar un proceso de selección de artesanos gallegos respetuosos con sus criterios que todavía siguen escondidos por las aldeas. 
Para eso no existen límites, como tampoco los hay en los juegos que Bettina y Alessandra promocionan. Para huir de regalos vinculados al sexo del bebé, Alessandra reconoce que tienen vetados “el rosa y el azul” porque todo es para todos. Es más, los productos están colocados en las estanterías por las estaturas que pueden alcanzar a cada edad, para que toquen y piensen más allá... ¿Y los padres? De momento “la gente está muy receptiva y llegan a la tienda con cierta curiosidad”, algo que siempre es bueno.

Ideas importadas para los juguetes más sostenibles