Xoel López | “La producción del disco es traviesa, de un señor estable y un niño al mismo tiempo”

El músico asegura vivir en una dualidad | pedro puig
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Aunque los primeros en probarlo fueron los de casa como cuando uno innova con una receta en la cocina, lo cierto es que el miniconcierto que dio Xoel López el miércoles en Fnac supo a poco.
Esta vez, su ciudad tardará en bailar entre “Sueños y pan” (Esmerarte) porque la industria de la música es así de caprichosa y a las dos fechas de Madrid y Barcelona, le seguirán los festivales de verano y “me temo que no vendré hasta finales de 2018. Me lo van a echar en cara, pero soy siempre un buen coruñés”.
Y como buen coruñés, se cita en un bar mítico de Méndez Núñez. Pausado, a pesar de que la agenda aprieta, Xoel habla de la idea que tiene de la vida como una dualidad donde las emociones y el mundo de los sueños se abrazan con el pan, que es “un símbolo de nobleza, esa semilla que germina, el agua, el fuego del horno” y el hogar. Que le permite al músico tener un pie fijo y otro no.
Con el que queda libre se va moviendo por lo onírico y como buen exjugador de baloncesto pivota. Ve la jugada y la rumia bien adentro, pero con el cabo atado siempre a tierra. Es así como sale del horno el nuevo disco, que se aliña con el misterio y la rutina.
Tiene sonidos de los 80 cuando se acuerda de los bosques de O Courel y respira de ese área de confort que fue construyendo y del que sale a ratos, “manteniendo un lugar apacible. Todo desasosiego no es bueno para la creación” y “Sueño y pan” es un yin y también un yang.  
Está en equilibrio desde la misma portada y sin dejar de soñar, Xoel dispara. Se siente seguro, aún “con mis mierdas como todo el mundo” para irse de viaje y regresar a casa, “el refugio donde me cobijo”.
En este álbum, vuelve a regalar al oído melodías en gallego, en concreto, dos, “Serpes” y “Durme”, porque “es una necesidad. Surgieron directamente de la morriña” igual que la primera, “A serea e o mariñeiro”, que brotó del cemento y el humo de Buenos Aires.
Esta vez, las canciones nacieron en Madrid y son recuerdos que afloran ahora: “A los 28 no me salía, quería escapar de aquí y ahora a mis 40, con 20 años fuera de Galicia, lo necesito y me dejo llevar”. Son sitios que Xoel recrea y a los que vuelve para recuperar parte del arraigo y la naturaleza que no está a mano, pero que es parte de él igualmente.
Por eso, “Serpes” es ese pueblo de Lugo donde pasó muchos días de su infancia junto a sus tíos y “Durme” se la cantaba a su hijo, “le hice una letrita. Ni siquiera pensé en publicarla, pero canto lo que me sale”.
Por ejemplo, en “Insomnio” el coruñés refleja esa doble personalidad con la que camina cuando de repente se le abre el mundo de los sueños, está en la cama, y “me tengo que levantar y vomitarlo todo, sino me mareo”.
En los momentos en que el cuerpo le pide ir al pasado, se va con todo. Música y letra. Y si toca presente, saca los ritmos que le llenan en la actualidad y les saca punta.
De ahí que el trabajo suene a añejo por instantes y sea melancólico. Xoel juega y confiesa que “la producción del este disco es traviesa, de un señor estable y un niño al mismo tiempo”. Las dos ideas van en armonía igual que Xoel se pone de pie y avanza: “Uno no es solo una cosa”.
El punto final llega diez minutos por encima del reloj. La tele espera su turno. El cámara ajusta el trípode y el periodista se coloca con su batería de preguntas en ristre. Después, le quedan un par de llamadas para cerrar la mañana y una guitarra. Su guitarra, a la que mima y cuida.
La vigila desde lejos y la aparta del sol. Desde Madrid, dice cantando lo que significa para él A Coruña y Galicia.
Habla de su momento y sueña comiéndose una rebanada de pan con toda su miga. De aquí. ¿De dónde si no? l

Xoel López | “La producción del disco es traviesa, de un señor estable y un niño al mismo tiempo”