El Nazareno presidió una procesión marcada por la solemnidad

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La Semana Santa coruñesa se mueve entre el recogimiento de las castellanoleonesas y la emotividad festiva de las andaluzas. Entre los penitentes de gesto serio y los que saludan a la cámara en lo que entienden más como un desfile que como una peregrinación. No obstante, hay marchas en las que la solemnidad es patente.
Es el caso de la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Amargura –oragnizada por la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro–, que ayer fue dejando a su paso por las calles de la Ciudad Vieja un poso de devoción contenida.
Desde su salida de la iglesia de la Orden Tercera, donde se conserva, la imagen del Nazareno sobrecogió a cuantos esperaban para contemplarla. El silencio respetuoso era la manifestación más evidente de fervor.
La salida de esta talla es una de los puntos clave de la semana de Pasión en la ciudad, por su simbología y por su importancia dentro de la imaginería herculina. Del siglo XVII, pertenece a la escuela de Pedro de Mena.
Nuestra Señora de las Angustias, con el corazón traspasado por siete puñales, es la que despierta más devoción en muchos coruñeses, que no dudaron en seguirla por el empedrado de la zona antigua.

TRASLADO
Con la procesión del Santísimo Cristo del Buen Consuelo recogida, los actos de Semana Santa se mudaron a la Parroquia de Fátima. Desde allí, la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, organizadora del recorrido de esta tarde por las calles de Os Castros, trasladó la imagen del Cristo del Amor desde la iglesia hasta la Casa de la Hermandad, en la calle de Pastor Díaz.
Acompañado por un grupo de fieles que quiso participar en el acto, el paso quedó resguardado en el punto desde el que saldrá a las ocho de la tarde. n

El Nazareno presidió una procesión marcada por la solemnidad