Reportaje | Los muros y barrotes que también suponen una condena para los guardias

15 marzo 2018 A Coruña.- Fotografía del centro penitenciario de Teixeiro
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Afortunadamente, la gran mayoría nunca verá una prisión por dentro, así que su visión de cómo es un centro penitenciario se limita a algún que otro documental, pero las imágenes más indelebles las fija el cine, con títulos como “Cadena perpetua” en la que los guardias están formados por un grupo de matones que abusan de sus porras para torturar a los presos. “En Soto del Real estuvieron los de ‘Vis  a Vis’ y dijeron que se inventarían la prisión, que esta es demasiado aburrida”, recuerdan. En la filmografía española, quizá la más conocida sea “Celda 2011” y los funcionarios reconocen que Luis Tosar hizo un buen trabajo encarnando a un preso conflictivo, pero no es la preferida. “La que más nos representa es ‘La milla verde’ porque el resto es como la noche y el día”, señalan. Estos días, el colectivo de funcionarios de prisiones está en huelga para reclamar un aumento de salario y otras mejoras. Aseguran que lo merecen y que el público desconoce todo de su trabajo. 

1 La violencia por parte 
de los funcionarios
“Somos sicólogos, su paño de lágrimas, no te voy a negar que hay un régimen y que muchas veces los internos no lo cumplen”. La prisión es una institución total donde el interno desarrolla su vida y que solo puede compararse con un cuartel militar o un hospital psiquiátrico. “Desde que los internos entran en la cárcel están milimetrados”. Sin embargo, aseguran que no apalizan a los presos, para empezar porque, según explican, no llevan porras. “Solo llevamos un boli y una libreta, porque las porras están en un cuarto y hay que pedir permiso al jefe de turno para sacarlas”, asegura un guardia. Tampoco existe “el agujero”, esa celda oscura y claustrofóbica en la que el interno se pasa semanas sin ver la luz del sol. “Eso está prohibidísimo, lo que hay es una celda de aislamiento que es como todas las demás, pero sin que salga al patio”, asegura. 
2 La violencia que sufren los propios funcionarios
Es más, los guardias aseguran que son ellos los que sufren la violencia de los internos. Sin armas, sin ninguna preparación física y en desventaja numérica, están expuestos a cualquier agresión.  “Esta misma mañana le dieron el alta a un compañero al que operaron en el Chuac. Estaba en el módulo 13, y un preso salió de la celda y le hundió un pómulo”. Aseguran que no hubo ninguna provocación. “Una vez me preguntó uno en prácticas: ¿Si cacheamos a este no se enfadará?’ Yo le dije que no se preocupara porque está en una prisión, ese ya se levanta jodido”.  El preso, de primer grado pero de segunda fase, acabó en la prisión de León, sin otra pena. “Sirve para cambiar la rabia de sitio”, dice uno que asegura que “partirnos la cara les sale gratis porque no somos autoridad”. 
En los quince módulos de Teixeiro, donde hay 1.300 presos puede haber un solo funcionario por módulo, si este no alberga presos considerados peligrosos. En el módulo uno, el peor, con presos de primer grado, solo hay tres. Lo normal es 38 guardias en prisión, en total, pero los servicios mínimos han obligado, curiosamente, a aumentar hasta 51.

3 Máxima seguridad y celdas de aislamiento
Es más, los guardias aseguran que los módulos peores son los de 13 y 15, los de primer grado, que son cerca de 50. Lo normal es que cada módulo albergue 72 celdas y que cada celda aloje a un máximo de dos presos.  Y eso sin contar aislamiento, un módulo con menos celdas, de 26 y mucho más pequeña. Una galería está destinada en exclusiva al que pasa por ser el preso más peligroso de España. 
Se trata del guineano  Fabrizio Joao Silva Ribeiro, que mide más de metro ochenta y pesa más de cien kilos. Tiene 33 años. Ingresó en prisión en 2004 después de matar a su novia en Bilbao: la acuchilló hasta 25 veces, lo que le valió una condena de 20 años, a lo que sumó otros 17 por la muerte de otro preso. Atacó también a varios guardias, lo que llevó a rotar por las prisiones hasta acabar en Teixeiro. Los funcionarios ni se le acercan. “Cuando lo trasladan para una diligencia vienen 30 policías. Cuando estamos nosotros somos solo cinco”, denuncian. 

4 Las cavidades corporales como “bolsa de viaje”
En Teixeiro existe, además, un activo comercio de drogas, puesto que una gran cantidad de presos son toxicómanos, quizá la mitad. La droga proviene de dos fuentes: la primera son los fármacos que entrega el propio centro porque muchos internos están desequilibrados: “Son toneladas de pastillas y como no hay personal, se reparte cada viernes para todo el fin de semana hasta el lunes, y más si hay puente de por medio. Algunas pastillas deben ingerirse con el guardia delante, pero eso sirve de poco. ”Te tratan de chulear. Yo he visto a uno vomitar la pastilla y a otro comérsela directamente del vómito”.
La drogas como heroína o cocaína la introducen las visitas. “Las cavidades corporales son verdaderas bolsas de viaje”, aseguran los guardias. Cuando el funcionario sospecha que esa persona porta drogas solo puede solicitar al juez de guardia nu registro. ”Y te va decir que no. En quince años yo lo he hecho dos veces”. 
Un verdadero artículo de lujo son los teléfonos móviles. El inhibidor de frecuencias de Teixeiro no funciona y por un teléfono pequeño se pueden llegar a pagar mil euros. 

4 Violaciones en duchas y maltrato a violadores
Sobre otros tópicos de la cárcel, los guardias aseguran que los violadores no lo pasan tan mal. “A ‘El chiclé’ se lo querían cargar, pero no por lo de Diana Quer sino porque había vendido a narcotraficantes”: En general, lo único que importa en la cárcel es lo duro que sea. “Aquí es la ley del más fuerte y siempre va a haber uno más cabrón que tú. Te va a buscar las cosquillas”, se lamentan. Pero no hay bandas como en otras prisiones, donde los Latin Kings o las maras causan estragos. Hay “pinchos” o cuchillos artesanales por todos lados. O bien para protegerse, o para extorsionar o vengarse. 
En el lado positivo, las violaciones son raras: “Aquí hay una ducha por celda y no se te puede caer el jabón porque se usa gel”. Pero si hay muchos internos con relaciones homosexuales. “Hay necesidad porque no entras en la cárcel y dejas de ser un ser humano”, reconocen. 
Ante este estado de cosas, es imposible que un guardia de prisión cumpla el artículo 25/2, de la Constitución, que habla de la reinserción de los presos. “Es mucha mierda. Vale, yo elegí este trabajo, hice la oposición pero joder, por lo menos págame bien. Lo mismo que a uno de Cataluña”, clama uno pancarta en mano.

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