Más cerca... y más lejos

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Un punto de fe. Recompensa al trabajo, al esfuerzo solidario, unos más entonados que otros. Hubo sombras en ataque y defensa, pero también luces, motivos para creer que se puede salir del túnel. El Depor tuvo mala suerte y fortuna. Pudo ganar o perder. Empató y la lectura es doble: está un punto más cerca de la permanencia, pero la victoria del Almería le aleja. Eso sí, con la sanción de tres puntos al club andaluz, tendría todavía uno de ventaja.
En La Rosaleda, Víctor no agitó el árbol, pero sí podó una rama, la de Medunjanin, y se atrevió con un injerto, la presencia de Juan Domínguez en la banda izquierda, una posición nueva para él, en la que cumplió la misión que tenía: evitar el juego interior del rival y construir.
Mantuvo el técnico el sistema de juego por el que había apostado ante el Atlético, un 4-4-2 en el que Lucas repitió de extremo derecho y Cavaleiro acompañó a Riera en la punta del ataque.
A la propuesta le faltó el acierto de Lucas Pérez en el segundo minuto. Un gol tempranero habría ratificado el plan de Málaga y habría insuflado ánimo. El Depor lo hizo todo bien antes de que el extremo rematara centrado, flojo, con su pierna menos buena.
El optimismo que generó el arranque decayó cuando los andaluces encendieron los motores. Fabricio se encargó de mantenerlos al ralentí, fino en el área y fuera de ella, despejando balones hasta de cabeza. La defensa, sin Sidnei y con la experiencia negativa del partido ante el Atlético, arriesgó en el fuera de juego. Falló en el primero porque Lopo no llegó a despejar el esférico, pero Juanmi perdonó con todo a su favor. El equipo ajustó mejor después. Los errores son parte del aprendizaje. El Depor pasó una fase mala en la que solo se calentó Luisinho por una entrada a destiempo de Juanmi que no recibió ni amarilla. Por fortuna, el lateral salió indemne, exhibió su pronto y se enrabietó también en el juego. De sus pies nació la primera jugada de combinación del conjunto coruñés, una subida por la banda en la que se apoyó en Cavaleiro y buscó a Riera, que remató forzado.
Esos fueron los mejores momentos del Depor. El equipo había empezado a creer gracias a un error de Weligton. Lucas, atento, se llevó el balón, buscó la combinación con Cavaleiro, dinámico, y esta vez sí empleó su pierna buena, pero se encontró con Kameni. El Málaga, a excepción de una contra, apenas inquietaba. El Depor era sólido, con Juanfran casi siempre en campo propio. Solo faltó aprovechar algún ataque. Hasta el descanso, todos acabaron igual, con Lucas Pérez llevándose las manos a la cabeza.
El Depor tenía el partido controlado y se le fue de las manos cuando volvió a pisar el césped. Recordó entonces al encuentro ante el Sevilla. Planteó el combate cara a cara y resultó perjudicado. Le desarboló el Málaga en 50 segundos por una retaguardia dócil hasta que apareció Lucas para robar el balón y montar una contra que él mismo finalizó en el otro área con un remate de primeras que se marchó fuera. No hubo pausa y esta vez tampoco perdón del Málaga. Falló Insua en la marca a Amrabat, que también se deshizo de Lopo, Álex no llegó a tiempo para impedir el disparo y hasta Fabricio pudo hacer más. Errores en cadena y a remar a contracorriente.
Y ahí apareció Lucas para sacar la nave de la tormenta. Lo hizo en una falta lateral que ejecutó con precisión con la zurda, como Víctor le ha pedido desde que llegó al equipo. El técnico conocía esa virtud del coruñés de los tiempos en que coincidieron en Grecia. Riera puso la cabeza en un gran salto y pescó.
El extremo pudo llevar al Depor a puerto con tres puntos, pero el poste lo impidió en otra falta. La suerte no acompañó, como tantas otras jornadas, y también como tantas otras veces apareció San Fabricio a última hora para evitar la derrota. El equipo sigue contra las cuerdas pero ofrece argumentos para creer que sí, se puede.

Más cerca... y más lejos