El madedero señala como mano derecha al hijo del supuesto líder del secuestro

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Con apenas 18 años durante los hechos, José Miguel Mejuto era la mano derecha de su padre, Jesús, en el secuestro de Abel D. Al menos, así lo señaló la víctima y Suso Miguélez (acusado). En su testimonio, el madedero cambrés manifestó que Jesús Mejuto era “el jefe y el secretario –su hijo– tomaba decisiones y condicionaba lo que hacía Jesús”.
Detrás de un biombo, contó cómo le engañaron con el señuelo de venderle unos eucaliptos. Para ello, le llamó Jesús haciéndose pasar por un tal Víctor. Si el supuesto líder había declarado que se enteraron de que se habían equivocado de hermano, Abel D. manifestó que cuando llamó para concretar la venta, se identificó como Abel.
Llegaron al monte, al bajarse de los coches, Jesús le apuntó con una pistola, le golpearon “con otra arma en la cabeza” y salieron “otros dos con pistolas” y lo “intentaron arrastrar”. Contabilizó a cuatro personas para meterlo en el maletero del coche, entre ellos, un “joven con rasgos latinos” que también portaba una pistola.
En el trayecto, logró abrir el maletero dos veces, la segunda vez, Miguélez, le gritó “hijo de la gran chingada” y le golpeó. 
Al llevar a la primera casa, en Siete Fontes, le dijeron que había “una deuda por droga. Me dijeron que mi vida costaba 70.000 euros”. Al oír que se trataba de un asunto de estupefacientes se “asustó” y temió por su vida. En varias ocasiones le amenazaron con “pegarle cuatro tiros”.
Ramón Mosquera fue el primero que se quedó con él. Le dio de comer y de noche, llegaron José Manuel Mejuto e Isabel Martínez para vigilarle. “Había cuatro personas, dos hombres y dos mujeres”.
Al día siguiente le trasladaron a Lalín. Con la cara tapada escuchó cómo tiraban un colchón al suelo en la caseta donde le retuvieron. Cuando le custodiaba una mujer, “había un hombre siempre” y Ramón Mosquera estuvo varias veces con él a solas. Según su relato dijo que “no tenía problemas en llevarse a sus compañeros por delante –es exguardia civil– y que habría una ranchera de tiros si intervenían”. 
A él le suplicó “desesperado”  que le dejase marchar y él le “dijo que no podía. Ramón dijo que lo mataban a él si me dejaba solo”.
En varias ocasiones Jesús le visitó en la caseta, pero no tenía “constancia” de que su hijo entrase pero, sí permanecía fuera del galpón”.
Su abogado, José Ramón Sierra, comenzó preguntándole por cómo se encontraba. El madedero asintió al relato del letrado: se había cambiado de domicilio, gastado un millón y medio de euros en seguridad, se encontraba en tratamiento psicológico y tenía miedo a quedar con gente para hacer negocios.

El madedero señala como mano derecha al hijo del supuesto líder del secuestro