Decanos de Educación piden que se limiten las plazas para estudiar Magisterio

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El presidente de la Conferencia de Decanos de Educación, José Antonio Naranjo, pide que se "limiten" las plazas para estudiar Magisterio con el fin de preservar la calidad de la formación y porque el mercado laboral es incapaz de absorber a tantos profesionales de la enseñanza.

En una entrevista con Efe, niega un problema de capacitación del profesorado, añade que los "recortes" no facilitan que se implanten metodologías docentes activas, cuestiona la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) y denuncia la inestabilidad de la legislación educativa.

El problema del déficit de rendimiento escolar "no es la formación" de los maestros, aunque haya "estamentos políticos", apostilla, que quieren hacer creer lo contrario.

Apunta Naranjo que se comienza a observar una "masificación" de las aulas de Magisterio, con una demanda alta de estos estudios. "No estamos adaptados al mercado", señala.

En la Facultad de Granada, de la que es decano, son 550 matriculaciones nuevas para maestro de primaria cada curso, con una nota de corte algo por encima del 6, comenta.

En España hay más de 50 facultades de Educación, que suelen impartir también otras titulaciones relacionadas como Pedagogía o Educación Social.

"Si tuviésemos aquí las plazas tan limitadas como tienen en Finlandia, tendríamos a los mejores sin lugar a dudas. No es que esté diciendo -matiza Naranjo- que quiero aquí (la facultad) sólo a los mejores, porque los mejores tendrán que demostrarlo".

Las notas sólo, añade, no demuestran que pueden ser buenos profesionales del magisterio, "pero hay que limitar un poco las plazas de ingreso".

Preguntado por si se abusa de la memorización en la enseñanza, con poco aprendizaje práctico, indica que las metodologías activas son deseables, centradas en estimular el pensamiento crítico y creativo del alumno; "los docentes saben aplicarlas porque están formados", pero se quejan de que les faltan tiempo y espacios para ello.

Por eso lamenta que se pretenda cambiar la formación inicial de los maestros cuando ni siquiera se ha evaluado el grado oficial de Magisterio, implantado en el reciente proceso de Bolonia (Espacio Europeo de Educación Superior), ni los primeros titulados han podido presentarse a oposiciones para trabajar.

A pesar de todo, "nadie se cree" que un muchacho de quince años no sepa manejar un dispositivo mp3, señala en alusión a los resultados de España en las pruebas de la Evaluación Internacional de Estudiantes PISA 2012 sobre resolución de problemas de la vida cotidiana, por debajo de la media de la OCDE.

Naranjo llama la atención sobre que los contextos vitales de los alumnos son diferentes, pues las experiencias de los muchachos pueden ser distintas si viven en una gran ciudad o un pueblo.

Por eso pide tomar con prudencia los resultados de unas pruebas estandarizadas y cuantitativas, aunque sin ignorar los resultados de PISA porque pueden marcar tendencias.

Resulta "difícil" aplicar métodos de enseñanza diferentes cuando el profesorado tiene más horas de trabajo lectivo, son cada vez "menos maestros", hay "más alumnos por aula" y tienen que atender más papeleo burocrático.

"La Ley Orgánica de Educación (LOE) no favorecía el aprendizaje memorístico -indica-, todo lo contrario, lo que pasa es que las condiciones de trabajo marcan".

Pero el gran problema, según Naranjo, es la ausencia de un Pacto de Estado por la Educación, un acuerdo sobre contenidos curriculares y metodologías para un sistema educativo de éxito, donde se pueda aprender a aprender, donde haya una participación activa del estudiante, y cita como ejemplo a Finlandia.

"La estabilidad normativa es fundamental -subraya- no podemos estar cambiando los sistemas cada vez que viene un partido político diferente, así no se puede avanzar en educación".

Sobre la Lomce, entiende que supone un modelo pedagógico "divergente" respecto de los más avanzados, "como puede ser el de Finlandia", y sobre lo que recomienda la OCDE, según asegura.

La reforma educativa, insiste, supone "un incremento del aprendizaje de contenidos, con un menoscabo del sistema educativo comprensivo".

También niega que las nuevas evaluaciones a final de etapa estandarizadas y comunes vayan a mejorar el rendimiento escolar, sino que van a "segregar" alumnos.

Además, la exigencia de unos contenidos curriculares determinados legislativamente "no favorece mucho la autonomía de los centros educativos", según Naranjo.

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