Reportaje | Las tablas de skate nacieron para no morir nunca

En su taller de Pérez Cepeda tienen su pequeño cementerio de tablas de skate
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Ariel y Aldana pasaron su infancia manchados de serrín porque ya sus padres eran restauradores de muebles y es por esta razón que Khett nació antes de todo, sin que ellos se dieran cuenta, porque los dos hermanos crecieron viendo cómo mimaban la madera. También heredaron el gusto por darle una segunda vida a las cosas, aprovecharlas para otra función y que no acaben en el basurero.
De esta forma, su taller de Pérez Cepeda es un cementerio de tablas de skate que ellos resucitan. Les hacen el boca a boca y cuando la tienen a punto, lijada y despiezada, montan su nueva criatura. Khett fabrica lámparas con las que sirvieron en su día para hacer loops. También pajaritas para ir de fiesta y hasta baquetas con las que golpear la batería y darle un toque multicolor a la puesta en escena. Sin embargo, Ariel cuenta que quieren especializarse en muebles.

Tablas de amigos
Empezaron con las tablas de sus amigos: “Tenemos muchos amigos que patinan”. Les llamó la atención los colores y hacer algo práctico con ellas, así que probaron con colgantes y se fueron poco a poco a retos más grandes: “Las lámparas reflejan nuestra filosofía de diseño y tabla”.
En la actualidad, tienen convenios con tiendas, puntos de recogida repartidos por todo el país para que ninguna de las que van a ruedas vaya a parar al vertedero.
Khett las recibe con los brazos abiertos y las lleva con sus hermanas hasta que les toca salir a jugar. Entonces “las limpiamos, vamos encolando y formando bloques de grosores determinados, igual para una pieza necesitamos doce de un centímetro”. Así que las combinan al dente y cuando la tienen le dan al “on”. No hay lámpara que ilumine igual a otra. Todas están tratadas con esmero, asegura, para diferenciarse de otros mercados.

También el nombre cambia. Todos surgen en el momento con la obra entre las manos: “Juls es por Julia mi novia y a la que metimos microcemento le pusimos el nombre de mi cuñado que nos facilitó el material”. Y es que además del arce canadiense, del que se hacen las tablas y es muy duro y flexible, “complicado de conseguir”, le suman otro tipo de maderas y microcemento, una última incorporación que les da otro aire al asunto.
En cuanto a Khett, fue el único que salió de “una tarde sentados en el sofá escribiendo nombres. Queríamos algo limpio y sencillo”. Que sonase bien y llevase el mismo ritmo que los patinadores. Ágil como sus diseños. Cuando se presentaron a la calle, ya lo tenían todo cocinado en su cabeza: “La web y el logo”.
Aldana tiene 36 años, Ariel 30 y los dos trabajan sin la presión de tener que vender para llegar a fin de mes. Esto les ayuda a experimentar. A probar nuevos productos y cambiar de dirección o seguir en esa línea. Lo siguiente será dar un paso más, cuenta Ariel, para centrarse en el mobiliario porque aunque las pajaritas son un éxito y salen en internet al lado de un rótulo virtual que advierte de que ya no quedan, lo suyo es otra cosa.
Khett empezó siendo un juego en 2013 y hoy es una marca que crece. Por la originalidad y el cuidado a la hora de moldear cada pieza: “Fue como ese juego de facebook, la granja, que te lo vas montando poquito a poco”.
Los hermanos barruntan nuevos modelos por separado o juntos. Piensan la receta y cuando la tienen, la adornan de cables térmicos de calidad, con tonalidades diversas, y portalámparas. Son como sus hijos: no tienen favoritos. Y es que las tablas de skate nacieron para no morir. Nunca.

Reportaje | Las tablas de skate nacieron para no morir nunca