Elviña exige la erradicación del botellón en Salvador de Madariaga

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Los jardines de Méndez Núñez no son el único punto de encuentro con amigos con bolsas del supermercado. La segunda fase del polígono de Elviña sufre en silencio los efectos de un botellón que se lleva produciendo desde hace tiempo con la presencia reducida de grupos en el parque que está en la avenida de Salvador de Madariaga, próximo a la confitería Mariluz.
Allí, se dan cita los fines de semana jóvenes para beber antes de coger dirección centro y pasar la noche de fiesta. Esto es, al menos, lo que aseguran los que al día siguiente despiertan entre restos. de botellas y vasos, que forman parte ya del mobiliario junto a los columpios y bancos.
Cuentan desde la asociación Elviña 2 fases que anteriormente, las quedadas se hacían en los soportales de la biblioteca González Garcés, pero que la costumbre se desplazó a unas cuantas manzanas donde la mala iluminación ayuda a que pasen desapercibidos. Dicen que no son muy ruidosos, pero, en todo caso, piden que regrese el policía de barrio para erradicar un fenómeno que sigue palpitando en la ciudad.
Desde el inicio de los macrobotellones de la plaza del Humor, la moda se fue a otras latitudes, aunque casi siempre situados en el epicentro de la movida o cerca. De esta forma, plazas como la de Santa Catalina en San Andrés o mismo los bajos de esta calle comercial con amplitud para sentarse y pasar el rato son otros de los emplazamientos elegidos.
En los barrios, apenas hay. Solo reductos utilizados por los residentes con menos años en el DNI, que deciden hacer una primera parada de avituallamiento en zona amiga. Desde Elviña, el presidente del colectivo, Leandro García, señala que el botellón afea la imagen de la zona. La ensucia
Los que llevan viviendo en Elviña desde que se construyó la segunda fase aún recuerdan cuando en los años 80, la heroína hizo estragos entre los jóvenes que crecieron en plena ebullición. Precisamente, en lo que se conoce como “casas rojas” y que son cooperativas de profesores, tuvieron que cerrar los soportales porque muchos aprovechaban los recovecos para pincharse. Hoy, sigue habiendo problemas de drogacción en el barrio, pero el descenso del número de heroinómanos que se inyectaban hace que no sea tan visible como antaño. l

Elviña exige la erradicación del botellón en Salvador de Madariaga