“No hay una compañía en España para que los talentos trabajen en ella”

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julio bocca
ballet nacional del uruguay

El suyo apareció sobre el escenario al mismo tiempo que el de Maradona y Sabatini. Llegaba la democracia a Argentina y Julio Bocca despuntaba en la danza para hacer arte en cada espectáculo. Diferente. Como si fuera un pintor, el bailarín se enfrentaba cada noche a un lienzo en blanco.

entrevista de marta garcía márquez

Julio Bocca cambia de perspectiva para ver desde la barrera cómo sus chicos del Ballet Nacional del Uruguay exportan con clase obras de Venezuela y Argentina. El teatro Colón bailará hoy y mañana, a las ocho y media, al ritmo que marcaron grandes de Latinoamérica en una “Noche de danza” que servirá para que la compañía sople 75 velas en el viejo continente.

—Supongo que hay que tener las cosas muy claras para dedicarse a la danza viendo cómo estaban las cosas en su país, que acababa de asomarse a la democracia, y pisando en un terreno que por entonces tenía la etiqueta de elitista. ¿Cómo recuerda sus comienzos? ¿Volvería a hacer lo mismo?
—Recuerdo los comienzos con mucho esfuerzo ya que vivíamos con mi familia en la provincia de Buenos Aires, pero fueron agradables porque estaba haciendo lo que me gustaba. Cuando empecé aún estábamos bajo el gobierno de los militares pero a esa edad no me parecía raro ya que nací con ellos y sí recuerdo algunas que otras escenas cuando regresaba en colectivo a casa.
—¿Cree que queda mucho por hacer para popularizar la danza?
—Sí, sobre todo, con respecto a mantener el interés de la gente. Llegar es fácil pero mantenerlo en el tiempo es lo difícil, ¿no?
—¿Cuál es la razón de que en España, por ejemplo, sea la disciplina más olvidada por los gobiernos a la hora de trazar su programa cultural?
—Si lo supiera, te lo diría, pero es una lástima que no solo los gobiernos, sino también los dos teatros hermosos que tienen Barcelona y Madrid. Y pasa que no tienen una compañía de ballet para que puedan trabajar en ellos todos los talentos que tiene España.
—Es cierto que cada vez más se puede ver danza en la calle. ¿Qué otras opciones hay para acercarla más al pueblo?
—Creo que una de las formas es llegar a las escuelas para que las nuevas generaciones lo vean como algo cotidiano.
—¿Cree que este país goza de buena salud en el sector?
—Tiene buenos maestros y buenos bailarines pero no hay proyectos a largo plazo, como dije antes, con estos dos teatros maravillosos.
—Regresa a la ciudad, pero esta vez no se subirá al escenario. ¿No le entran ganas de bailar cuando ve a sus pupilos hacerlo?
—No.
—¿No tiene pensado hacerlo nunca más?
—No.
—¿Qué le recomienda a los que empiezan?
—Que pongan corazón y que tengan una gran disciplina, que seas respetuosos y que no dejen los estudios.
—¿Por qué esta compañía y no otra?
—¿Y por qué no?
—¿Qué es lo que van a ofrecer en el Colón?
— Tenemos un programa con cuatro obras de tres coreógrafos latinoamericanos. “Nuestros valses” y “Doble corchea” de Vicente Nebrada, un gran coreógrafo venezolano; “Adagietto”, de Óscar Araiz, cuya obra cumple cuarenta años desde su creación, y “Tango y Candombe”, de Ana María Stekelman. Estos dos últimos son coreógrafos argentinos.
—¿Qué le queda por aportar a las artes escénicas desde la barrera?
—Nunca hay un fin en lo que uno puede aportar y aprender.
—¿Todavía siguen existiendo prejuicios contra los bailarines varones?
—Ya no tanto, y gracias a los programas de televisión, todo está más aceptado.
—En la película “Cisne negro” tachaban a la protagonista de falta de espontaneidad, algo que a usted nunca le faltó. ¿Esta es la clave que hace a los grandes, grandes?
—Una de las cosas es la improvisación, la personalidad, el arriesgar, la disciplina, el talento y, sobre todo, el amor y el corazón que uno le pone.
—¿Se necesita la ayuda de la gente más próxima para dar un impulso y dedicarse a esto?
—No, eso uno lo lleva dentro.
—¿Hay mucha competencia entre los bailarines?, ¿esto es bueno?
—Sí que la hay y es bueno cuando es limpia.
—¿Le gusta A Coruña?
—Sí, siempre lo he pasado muy bien y tengo buenos recuerdos.

 

“No hay una compañía en España para que los talentos trabajen en ella”