Cuando las leyes no impiden el saqueo

Los visitantes del museo podrán comprobar el daño que se le están haciendo a los fondos susy suárez
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El Acuario despliega el mapa marino del mundo. Saqueada, afectada por prácticas erosivas y sobreexplotada, la masa de agua salada protesta. Lo hace a través de fotografías que confirman la evidencia. De un mal uso de los fondos, que se ve atacado todos los días por técnicas de pesca que lo destruyen poco a poco. Más eficaces a la hora de concentrar capturas, pero más dañinos para el ecosistema que aletea metros abajo de la superficie.
La exposición “Océanos exhaustos. Sobrepesca ¿suficiente pescado en el mar” pone el grito en el cielo. Denuncia y despierta conciencias a través de imágenes recabadas por la National Geographic Society que alertan de la situación. Entre el pelotón de nombres, se encuentran los conocidos Brian Skerry y Randy Olson, con postalillas de una colección que muestra a los tiburones enredados. Pasando por su guillotina particular por culpa de que sus aletas les chiflan a los asiáticos.
En el mismo espacio, una familia de pescadores gallegos se coloca frente a un plato repleto de marisco. La instantánea lleva a la reflexión porque igual que hace unos años, los percebes no se valoraban y las angulas se dejaban ver en la mesa de vez en cuando, nadie puede confirmar que los ejemplares que hoy mastican sigan existiendo en un futuro no muy lejano.
El mar aparece, pero con él están también las zarpas de la raza humana. En artes de pesca como el arrastre que se lleva por delante la riqueza de los fondos. Las imágenes hablan de sobrepesca, cuando la captura de la fauna silvestre que habita los océanos se realiza en cantidades demasiado elevadas como para que las especies se puedan recuperar.
Así es como se puede comprobar el primer ataque masivo a comienzos del siglo XIX cuando el hombre puso en peligro la población de ballenas a cambio de su grasa. Útil para la fabricación del aceite que gastaban las lámparas de entonces. La muestra pone de manifiesto que variedades como el bacalao o el arenque atlántico estuvieron al borde de la extinción en el siglo XX y se va hasta el momento actual, donde las flotas comerciales se adentran en zonas más profundas. Para dar en la diana de pescados que están por debajo en la cadena alimentaria. De esta forma, la llamada “pesca esquilmadora” está perturbando el equilibrio del sistema biológico.
Entre tanto, la comunidad científica alerta de que todo esto se podría evitar con un cambio en la legislación que regula las capturas y un mayor uso de la acuicultura. En un país acostumbrado al furtivismo que desconoce la grave situación.

Cuando las leyes no impiden el saqueo