Algunas bendiciones hay que recibirlas a pelo

El Ideal Gallego-2014-01-18-013-a1e8f40f

Es posible que un sesudo teólogo se niegue a reconocer que los animales tienen alma. Pero si se pregunta a cualquiera de las más de cincuenta personas que ayer congregaron en la plaza frente a la iglesia de la Orden Tercera, no habrá ninguna duda: todos están convencidos de que sus mascotas tienen alma y no solamente eso, sino que les entienden cuando les hablan. Y si les comprenden a ellos, también pudieron hacer lo mismo con el sacerdote que invocó la bendición de San Antonio Abad para ellos: perros, gatos, peces y animales más exóticos como chinchillas recibieron la rociada de agua bendita con una tranquilidad que era la mejor prueba de que sabían que aquello era por su bien.
Hasta los mininos, a pesar de su legendario temor a mojarse, guardaron la compostura, para satisfacción de Salvador Peña, ministro presidente de la cofradía de la Venerable Orden Tercera, que señaló que la bendición de los animales se está convirtiendo en una cita más popular con cada año que pasa. “Y viene gente de todas la edades, no solo señoras mayores con sus gatos, sino también niños y parejas jóvenes, todos con sus animales”.
En tiempos pretéritos, la bendición de San Antonio Abad tenía un propósito mucho más vital, porque afectaba a medios de subsistencia como el ganado y  las cosechas, pero ahora la atención la centran sobre todo los animales de compañía de las zonas urbanas.

como una fiesta
La ceremonia consistió en una misa que comenzó a las ocho de la tarde en el interior del templo, pero las bendiciones se realizaron fuera, donde el sacerdote salió en procesión para enfrentarse a un verdadero zoológico que le esperaba fuera. “También tiene un componente lúdico, festivo, porque las mascotas tienen la posibilidad de salir al exterior y reunirse en un solo lugar. Para ellos, que no tienen cumpleaños ni otras fiestas, es una oportunidad especial”.
Desde luego, para alguno la festividad de San Antonio Abad supuso la posibilidad de asomar el hocico fuera de casa. Aunque algunos gatos se mostraban recelosos dentro de sus transportines, los perros no se privaban de olfatear todo lo que se les ponía al alcance del morro, mientras sus dueños les conminaban a portarse bien.
Lo único que podía arruinar la jornada, la lluvia, se convirtió en la gran ausente, y las únicas precipitaciones que reseñar surgieron del hisopo del sacerdote. Un agua que los animales recibieron incluso con más agrado que sus dueños, mucho más abrigados, y es que cuando se trata de algunas bendiciones, es mejor recibirlas a pelo. n

Algunas bendiciones hay que recibirlas a pelo

Te puede interesar