Canogar reúne en la muestra “Quadratura” sus instalaciones más autobiográficas

Carlos Negreira y Luis Ramiro Díaz conversan con Daniel Canogar durante la inauguración quintana

La directora del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Carmen Fernández Rivera, se quedó enamorada en 2009 de una instalación de Daniel Canogar. En ella, el artista enganchaba 4.500 bombillas a un sedal y proyectaba sobre ellas luces de colores que hacían que las bombillas volviesen a brillar. A pesar de que el artista las cogió en la basura. La pieza marcó para el creador el inicio de una forma de trabajar. Cuando se alió con los chatarreros de Madrid y les dió su número de teléfono.

El mac              ofrecerá muestras sobre el               fotógrafo de reportaje social, Larry fink, y el pintor alemán Anselm kiefer

Desde entonces, le avisan de la llegada de nuevas entregas de material. Que él supervisa como si fueran joyas. Y es que los objetos de deshecho le permiten hablar de lo caduco, algo que suele preocupar a los artistas cuando superan los 40 y se dan cuenta de que son mayores. Canogar decía ayer en la presentación de la muestra “Quadratura” que le preocupa la rapidez con la que cambia todo. Porque de repente lo que parecía perenne y novedoso, el mismo DVD, está en horas bajas y el pasado se tira por la borda como si fuera una parte inservible. A Canogar todos estos materiales le recuerdan a años atrás donde solo había una única televisión y funcionaba con botones. A él, el aparato, decía, le solía despertar con la carta de ajuste. Es por eso que hoy reúne en otra instalación las cartas de ajuste de varios países con la circunferencia de colorines en medio que activa otro tiempo. Lejano pero a la vez cercano.

Para Daniel, es necesario “conservar nuestras memorias porque sin ellas, no sabemos quienes somos”. De ahí que juegue con los 35 mm de celuloide y cuelgue las cintas del techo para reproducir grandes escenas del cine como “Gilda” y contraponer en la pared referentes del cine digital. Que le robó la magia al séptimo arte.

En este aspecto, el autor se identifica con los cables telefónicos, con los VHS y el celuloide. Por eso, las ocho instalaciones que reúne en la exposición son autobiográficas. E igual que ocurre con las bombillas, “las personas dejamos de brillar y perecemos”. Él coge los cables que permitían antes la comunicación telefónica y crea composiciones sencillas para iluminar cada hilo de electricidad con un color. La obra conecta directamente en el imaginario y salen a flote conversaciones de horas. Llamada importantes. O aquellas primeras donde la gente no sabía hablar qué decirle a un aparato. Contaba Carmen Fernández que en su pequeña trastienda, además del género madrileño, Canogar también trató con cableado gallego. Para incorporarlo en el álbum de su vida. Donde cada obra es un bote salvavidas al que subirse para no ahogarse. En este sentido, Daniel afirmaba que sin el arte, no sería capaz de procesar la realidad.

 

programación 2013

La muestra “Quadratura” se podrá visitar hasta el 12 de mayo, en un año donde el museo cambia su logotipo y del antiguo Macuf como se conocía antes de la fusión entre Unión Fenosa y Gas Natural, pasa a ser MAC (Museo de Arte Contemporáneo). Bajo este nuevo nombre, el centro dará cobijo en 2013 a “Proyecto Moscow”, donde mostrarán cuatro videocreaciones de cuatro artistas internacionales en la capital rusa. “Línea de fuga. Relatos de la no-permanencia” hará un recorrido por los 10 años de la feria de videoarte LOOP y Larry Fink confirmará en abril por qué está considerado uno de los maestros del reportaje social.

Además, las becas artísticas desplegarán sus trabajos en el extranjero y Anselm Kiefer traerá en junio una colección de pinturas matéricas envueltas de nazismo para acabar el año con el proyecto “Relatos privados”, firmado por distintos profesores de Bellas Artes, una muestra del fotógrafo Manuel Vilariño y una reflexión sobre la pintura y lo pictórico en el arte reciente.

Canogar reúne en la muestra “Quadratura” sus instalaciones más autobiográficas

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