Los trabajadores de Alcoa cortan la salida del metal tras el anuncio del cierre de la planta coruñesa

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A través de una pantalla, la multinacional Alcoa anunció a los representantes de los trabajadores el cierre de la planta de A Coruña, junto con la de AVilés, en Asturias. El anuncio era esperado y los trabajadores tomaron medidas inmediatamente. Nada más salir de la  videoconferencia donde les anunciaron el proceso de extinción de los cuatrocientos empleos de la fábrica, el comité de empresa decidió tomar el control de los accesos. A partir de la una de la  tarde, los camiones podían seguir entrando, pero no podía salir “ni un kilo de aluminio procesado”. El presidente del comité de empresa, Juan Carlos López Corbacho, declaró “que vamos a seguir produciendo en las condiciones de máxima calidad y seguridad y velando por nuestras instalaciones, de todos los trabajadores. No son las de una compañía que vino aquí a invertir casi nada y a aprovecharse de lo que había y ahora quiere marcharse”.
Un piquete formado por cerca de dos docenas de trabajadores se concentró en la entrada, para asegurarse de que la decisión tomada por el comité se llevaba a cabo, con una determinación que mostraba que no era la primera vez que se veían en una situación semejante. La razón por la que los trabajadores se temían lo peor era el alto precio de la energía eléctrica, de la que planta consume mucho para convertir la materia prima de la alúmina en aluminio. Un empleado señaló que los rumores habían sido constantes en los últimos días, y que los ánimos de los compañeros estaban muy agitados ya antes de que se les comunicara el despido colectivo que les afectaba tanto a ellos como a la planta de Avilés aunque no, de momento, a la de San Cibrao.
Ya por la tarde, los trabajadores salieron a la carretera de Baños de Arteixo para manifestarse cortando el tráfico aunque, desde la Policía Local, aseguran que no supuso una gran afección. También se hallaba en el lugar de los hechos la Guardia Civil, que veló por que no se produjera ningún incidente. Tras unos minutos, los manifestantes regresaron a las instalaciones de la planta de aluminio, donde permanecen concentrados de forma permanente hasta que se les ofrezca una solución aceptable. 

Obsoletas y poco rentables 
Las razones que alega la multinacional americana son de índole económico. Los directivos aseguran que tanto A Coruña como Avilés cuentan con plantas obsoletas y poco rentables y que el precio del aluminio ha bajado. En cambio, el coste de la energía eléctrica se ha disparado hasta récords históricos. Esto último es muy importante en A Coruña, donde la fábrica produce aluminio primario a partir de la alúmina como materia prima, un proceso que consume muchísima energía por un valor de casi siete millones de euros al mes. Ya descontando ayudas de cualquier tipo, podemos estar hablando de cien millones al año de factura eléctrica. Según la multinacional, la planta coruñesa acumula 39 millones de euros de pérdidas. 
Corbacho trata esta cifra con bastante reserva, alegando que la empresa se ha equivocado otras veces. Además, el precio del aluminio en el mercado actual lo hace menos rentable que refinar la bauxita para generar alúmina, pero es un problema coyuntural, que afecta a todas las plantas de producción y no específicamente a la coruñesa, sino con la que juegan todas las plantas de producción de aluminio.  
Por otro lado, sostiene que la planta coruñesa es productiva comparada con las que tiene en Noruega: “Si sacamos el parámetro de la energía somos las más viables”. Aunque también hay que tener en cuenta que la planta está funcionado al 70% desde 2012 y que de la energía que compra Alcoa no siempre le otorga la más bonificada, es decir, la más barata, lo cual también redunda en sus elevados costes. 
Aun así, los trabajadores sostienen que ese no es el problema porque San Cibrao perdió el doble de dinero en el último mes y medio y, sin embargo, no está amenazado de cierre. El grupo Alcoa sigue ganando dinero y los problemas que arrastra no son propios de la fábrica, sino del sistema actual. 

Un problema político 
Para el comité de empresa, el principal problema que sufre la fábrica es político, y la solución pasa por regular el sector eléctrico. “Llevamos tempo diciendo que esto podía pasar, por la inacción desde el Gobierno, la Xunta de Galicia y la propia empresa. Vamos a responder de inmediato”. Si España contara con una regulación parecida a otros países europeos, alegan, no se verían siempre expuestos al cierre por falta de rentabilidad: “Todos los que somos consumidores sabemos que antes pagábamos 60 euros cada dos meses y ahora, al mes. A nosotros la factura se nos ha duplicado en dos años. Esto es una barbaridad”. 
“Es normal que tengamos problemas. Lo que no es normal es que nadie haga nada”, señala un trabajador. Todos quieren que el Gobierno central tome cartas en el asunto que también la Xunta se involucre de forma efectiva y que de una vez por todas se solucione el problema de la tarifa eléctrica. 

El segundo intento desde 2014 
Los empleados de Alcoa están acostumbrados a las movilizaciones y recuerdan que en 2014 también estuvieron al borde del cierre. Fue el 23 de diciembre cuando la multinacional anuló el expediente de despido colectivo que pesaba sobre ellos después de que consiguiera la energía que necesitaba (y a costes competitivos) en una subasta extraordinaria.
Por eso algunos trabajadores piensan que el anuncio de ayer puede ser en realidad una medida de presión contra el Gobierno, para conseguir una rebaja en los precios, aunque no descartan un pelotazo inmobiliario para apropiarse de los terrenos. Corbacho recuerda que la lucha de los trabajadores se remonta a 2011 “y ya estamos un poco cansados”. Demandan una alternativa que puede ser sea una venta o que la empresa sea intervenida por el Estado o por la Xunta. l

Los trabajadores de Alcoa cortan la salida del metal tras el anuncio del cierre de la planta coruñesa