Milagro prenavideño

Dos robos seguidos tras saque de fondo del Oviedo hicieron posible la sexta victoria naranja del curso | Pedro Puig
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Un asombroso parcial de 9-0 en 37 segundos salvó al Basquet Coruña de caer una vez más en las garras de su ‘bestia negra’ histórica, un Oviedo que desapareció del parquet de la Poli 2 en los últimos 55 segundos de un duelo áspero y feo.

Arrancaron los locales con una tremenda intensidad atrás, presionando al base, metiendo muchas manos al balón, controlando por completo el rebote en su aro –no cedió ninguno en el acto inaugural– y anotando prácticamente todo lo que lanzaba. Un completo cóctel que le dio muy pronto dos dígitos de renta (14-2).

El Oviedo mejoró en defensa con la entrada de Kabasele y en orden con la de Frey, pero no le bastó para recortar distancias porque la ‘marea naranja’ continuaba impecable en toda la cancha (22-12).

Atasco ofensivo
La primera ‘pájara’ llegó tras el primer parón. Para los dos. En tres minutos el marcador solo había aumentado en dos puntos, un libre de Speight y otro de Blanco. Casi tres y medio tardó en anotar el BC, tras rebote ofensivo de Badmus.

Los errores en tiros cercanos impidieron a los locales mantener lejos al Oviedo, que de la mano de Speight se colocó a rebufo (26-24). Dos triples seguidos del Coruña, que en los seis minutos precedentes había anotado solo cuatro tantos, estiró de nuevo la renta, a la que un actor inesperado, Bartolomé, le limó tres puntos al descanso (33-28).

Y después del parón, llegó el ‘pajarón’. Siete puntos en ocho minutos fue el ridículo botín naranja, que tras un parcial de 0-8 se vio por primera vez por detrás (39-41). Y así seguiría hasta el mágico final.

Con cinco puntos de déficit (45-50) entraron los de Sergio García en el capítulo definitivo. Un episodio de serie de terror:160 segundos tardó en moverse el marcador, con un triple de Oluyitan. 

Si en el  segundo acto García tardó solo 2:42 en pedir tiempo muerto, en último también madrugó. Sin embargo, no logró sacar a los suyos de un carrusel de pérdidas, ‘mandarinazos’, faltas de ataque y rechaces cedidos en su aro. Y en estas apareció un ‘viejo rockero’, Arteaga, para propulsar al equipo carbayón (48-57). Zyle acabó con la sequía y una antideportiva sobre Peña abrió la puerta a la esperanza, pero el BC solo sacó un punto de esta situación.

Olía a derrota en la vieja Poli, el escenario donde el club herculino puso los cimientos de la brillante actualidad. Y donde, una vez, se quedó –en un partido contra el Complutense– sin anotar durante todo un cuarto.

Jugadas clónicas
Ayer llevaba seis en ocho minutos (51-59). A falta de 63 segundos, Peña negó la rendición. Brown anotó desde el 4.60 el que sería último punto azul. El dominicano enroscó un triple. En el saque de fondo robó el balón y erró desde el arco, pero Zyle rebañó el rebote (58-60). Un mal pase de Brown desembocó en canasta de Monaghan, y en el saque de fondo se clonó la jugada: robo y mate de Matulionuis. Restaban 18 segundos. Un milagro por día es suficiente. Por eso Speight no encontró la red.

Un triunfo, el sexto, que no vale el billete para la Copa Princesa –estaba muy complicado– sino que vale mucho más: el primer regalo navideño para un equipo que –dijo Lezkano en la previa– también sabe ganar cuando juega mal.

Milagro prenavideño