La reforma de San Andrés no consigue frenar la sangría de ceses de negocios

varios negocios liquidan para cerrar, mientras que otros solo cambian de ubicaciã³n en la ciudad susy suã¡rez
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La imagen reformada de San Andrés no acaba de cuajar a nivel comercial. En contraposición a lo esperado por Ayuntamiento, e incluso en su momento por los propios comerciantes, los negocios siguen cerrando y las nuevas aperturas no compensan los números. Los empresarios que se marchan –esta misma semana lo harán dos más– culpan de su adiós a los altos alquileres de los locales comerciales cuyos propietarios no han querido adaptarse a la situación actual del mercado inmobiliario.

Esta misma semana clausurarán su actividad en la céntrica calle de San Andrés otras dos tiendas y desde que comenzó la reforma de la vía es difícil calcular el número de comerciantes que han abandonado o se han mudado a otras zonas.

Varios comercios cerrarán o ya han cerrado este mes debido a los elevados alquileres

Uno de los negocios que cerrará sus puertas mañana es la tienda Santiveri. “No hay ventas porque el cliente prefiere otras cosas que no estén tan limitadas a una marca”, comenta la dependienta. Pero la crisis enfocada desde el punto de vista del consumo no es la única culpable de la despoblación comercial paulatina en San Andrés.

En Santiveri aclaran que las propietarias trataron de negociar con el propietario una bajada en las cuotas mensuales para subsistir pero no fue posible y, por ello, se marcharán de A Coruña para centrar su negocio en Santiago. La tienda Vintage&Coffee también cerrará este jueves pero únicamente para desplazarse unas calles más allá.

“Nos trasladamos a San Nicolás por la renta, porque es más barato”, explica María Fernández, la propietaria, que ha elegido el local que ocupaba Modas Berta en la plaza de San Nicolás, que va como anillo al dedo al concepto de su negocio.

 

zonas más asequibles

Insiste, como lo han hecho algunos otros durante los últimos meses, en que “los dueños siguen en sus trece”. Pese a que no suben los precios porque el mercado no se lo permite, tampoco están dispuestos a reducir sus espectativas económicas y eso está provocando que muchos se queden sin ningún ingreso.

“Las rentas son muy altas y la calle no es todo lo peatonal que nos prometieron”, lamenta. Además, son muchos los que se quejan de que delante de varias tiendas cercanas a Torreiro hay “coches y furgonetas” aparcados todo el día restando visibilidad ante posibles consumidores que pasen por la calle.

“No rebajan los alquileres todo lo que se necesitaría para que funcionasen los negocios”, reitera la empresaria. La misma opinión debieron de tener los responsables de Microaudio, que hace escasas semanas abrió en una nueva ubicación. Este fue otro de los traslados puesto que en el bajo comercial que ocupaban, conviviendo con un cartel de Se Alquila, se puede leer: “A partir del 1 de febrero les atenderemos en la calle Picavia esquina plaza de Lugo”.

Una mercería con precios de outlet también advierte de que son los últimos días de la liquidación. Además, el café Contertulia anuncia que se traspasa por jubilación. Los demás aguantan como pueden pero casi nadie descarta tener que dejar el bajo que ocupa.

 

nuevos establecimientos

Si bien es cierto que al tiempo la calle recoge alguna apertura o traslado puntual, como la inminente mudanza de Calzados y Bolsos R. Suizos, el número que se registra no compensa al de las continuas clausuras.

Emprender un simple recorrido por la zona demuestra que casi la mitad de los locales comerciales existentes están vacíos y con anuncios de alquileres o ventas que no son capaces de desaparecer.

Los únicos que parecen haber visto un filón en la zona son los bazares chinos y las tiendas de compra-venta de oro. Mientras que al comercio asiático que resiste desde hace años le ha salido un nuevo competidor cerca de la calle de la Barrera, en el entorno de la iglesia castrense ya se cuentan tres tiendas donde se pueden conseguir unos ingresos extra vendiendo joyas u objetos de oro y plata.

 

La reforma de San Andrés no consigue frenar la sangría de ceses de negocios