Saquean la Sociedad Filatélica y roban en otras seis oficinas en Juan Flórez

El presidente de la Sociedad Filatélica, José Luis Rey, muestras los ficheros vacíos, la caja de caudales e incluso el estuche en el que venia la medalla robada | quintana
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La Torre de los Maestros, situada en el número 36 de la céntrica calle de Juan Flórez, sufrió el fin de semana pasado un robo masivo en el que resultaron allanadas siete oficinas, entre las que hay que contar la sede de la Sociedad Filatélica, que ya había sufrido un importante asalto en octubre. El presidente de la entidad, José Luis Rey, se mostró convencido de que los autores del robo del fin de semana pasado eran los mismos que en aquella ocasión, y que nunca llegaron a ser arrestados por las autoridades: se llevaron el dinero en metálico y vaciaron los ficheros, llevándose todos los sellos. Rey calcula que el importe de lo robado puede alcanzar varios miles de euros.
Tras el último robo habían reforzado la seguridad instalando una puerta blindada, pero no sirvió de nada. “La anterior vez, lo revolvieron todo. Esta vez no: fueron directos a donde sabían que estaba”, explica Rey, que se siente desolado. “¿Qué le voy a decir a los más de 200 socios cuando me pidan los sellos? El seguro nos paga una parte, pero no todo”. El golpe a la Sociedad Filatélica ha sido tal que su presidente incluso teme por su pervivencia: “Tenemos una exposición en noviembre que estamos organizando, pero más allá... No lo sé”.
Rey sospecha que quizá fue un allanamiento por encargo, puesto que no es fácil vender tantos sellos de golpe. De todos modos, las autoridades no pudieron recuperar nada de lo robado el año pasado. Los ladrones (aunque puede haber sido un único un autor) actuaron en el primer y segundo piso de la Torre de los Maestros, pero en la primera planta solo actuaron en las dependencias de la Sociedad Filatélica, mientras que en la segunda entraron o trataron de entrar en oficinas de abogados y asesores fiscales. En todos emplearon el mismo procedimiento: arrancar la mirilla para inspeccionar el interior antes de apalancar la puerta. Una vez en el interior, lo revolvieron todo en busca de dinero en metálico y cualquier objeto valioso antes de darse a la fuga. Que se sepa, no hay testigos.
 

La huella de una oreja
Tampoco hay huellas: a pesar de que los inspectores de la Policía Científica pasaron la mañana en la Torre de los Maestros empolvando todas las superficies que tocó el ladrón, no consiguieron encontrar ni una sola marca dactilar. Sin embargo, la insistencia de los investigadores tuvo al final su recompensa: encontraron la huella de una oreja impresa en la puerta, donde el ladrón se habría apoyado para escuchar el interior. Como la huella de una oreja es tan única como la de un dedo, constituye una prueba de cargo importante.
A esto hay que sumar las imágenes captadas por las cámaras de seguridad, que obran en poder de las autoridades. Pese a todo, Rey no las tiene todas consigo porque recuerda que la última vez la Policía Nacional consiguió identificar al presunto responsable, pero que esta no desembocó en un arresto.
Por otro lado, la rapidez y profesionalidad con la que actuó el autor invita a pensar, según fuentes policiales, a un equipo de profesionales, probablemente una banda itinerante, que suele actuar los fines de semana para después abandonar la ciudad: “Si los cogen en otro sitio el problema es conseguir pruebas para achacarles los robos que hayan cometido aquí”.

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