La Policía Local apercibe a varios vecinos de la Ciudad Vieja, pero aún no impone ninguna sanción

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Varias patrullas de la Policía Local recorrieron en la mañana de ayer la Ciudad Vieja para controlar el nivel de implantación de la peatonalización casi dos semanas después de la entrada en vigor de la medida municipal. Aunque dentro del barrio todavía no se avisa ni se multa a los infractores, los agentes si han comenzado a apercibir a los vecinos que obvian las plazas reservadas para ellos en el perímetro del barrio y estacionan donde quieren. Por contra, tampoco se está poniendo coto al paso de conductores ajenos al entorno cuya entrada está reservada para autorizados.
La supresión del aparcamiento del casco histórico y la limitación de la entrada de vehículos empieza a tener efectos colaterales en el perímetro del barrio, particularmente en las calles de la Maestranza, Campo da Estrada y avenida del Metrosidero. Ayer llegó un punto en el que los agentes de la Policía Local, que están siendo bastante permisivos en las calles de la Ciudad Vieja hasta que la gente se acostumbre –ayer recorrieron la zona pero no pusieron problemas a los transportistas fuera de las horas de reparto ni a algunos residentes despistados–, tuvieron que apearse para dejar avisos en dos vehículos con tarjeta de residentes que estaban aparcados en una zona que, para facilitar la circulación, debe quedar liberada. 
En concreto, según se comenta en este barrio, en la curva de la calle del Campo da Estrada siempre suelen aparcar dos coches –porque son los que caben– y los que estaban ocupando el sitio sobre el cebreado ayer se encontraron con notas de advertencia sobre el parabrisas. Una manuscrita y la otra pasada a ordenador, las dos decían prácticamente lo mismo: “Se le informa de que su vehículo se encuentra estacionado en un lugar en el que está prohibido el estacionamiento, por lo que, de seguir en esta situación, será denunciado”. 

Sin revisión 
La de ayer fue una de las primeras veces en las que se dejó una advertencia (sin adjuntar una multa, eso sí), pero solo afectó a los residentes a pesar de que la ciudadanía en general sigue obviando la cartelería y señalización que ahora ya lleva varios días instalada en la ruta exterior del casco antiguo. Es decir, con un área muy concreta reservada nadie ejerce control para asegurarse de que los únicos que dejan el coche allí son aquellos que cuentan con una autorización municipal previa. Eso queda a la vista al comprobar cómo en calles como la Maestranza o Campo da Estrada en las plazas pintadas de amarillo conviven residentes con las antiguas tarjetas, las nuevas pegatinas, documentos que demuestran que ya han solicitado en María Pita los permisos y conductores que no están dispuestos a pagar pero tampoco lucen ningún distintivo o, como mucho, dejan ver recibos de la ORA de otras ubicaciones de la ciudad. 
El hecho de que turismos que no deberían estar en los aparcamientos subterráneos o en las áreas que han quedado libres para la rotación quiten espacio a los vecinos hace que muchos de estos últimos estén recurriendo a los parking, como se podía observar ayer en O Parrote, donde muchos tenían las tarjetas sobre el salpicadero. En estas circunstancias los coruñeses que han optado por alquilar espacios para tener siempre un garaje disponible suman varias decenas. 
El problema es que en la entrada a las calles de la discordia ya se prohíbe el paso a aquellas personas que no estén autorizadas pero la falta de alguien informando en el cruce con la avenida del Metrosidero genera cierto caos.

La Policía Local apercibe a varios vecinos de la Ciudad Vieja, pero aún no impone ninguna sanción