“El capitán fue un héroe, aquello hubiera sido una Roma de Nerón”

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  reportaje de a.p.

El teniente de alcalde leyó desde el podio una descripción del hombre al que todos habían venido a recordar ayer, a orillas del océano. Un compañero suyo, Víctor Grande, decía que era “un galego rubio de ollos azuis, que acababa de cumplir 42 anos, con duas fillas, que tiña aire de alemán insobornable e ríxido pero era un cacho de pan. Era o único que se poñía o traxe e os galóns para baixar a terra”.  
Como añadió Tello, es muy posible que luciera esos mismos galones cuando maniobró para entrar en el puerto de A Coruña. “Non era a primera vez que o facía. O “Urquiola” entrara no porto coruñés dezaceseis veces”  No hubo decimoséptima: las cartas marcaban una profundidad de 22 metros, el calado del petrolero era de poco más de 14, pero la Papa Poutada acechaba a sólo 11. A las 8.20 horas tuvo lugar el choque. Inmediatamente acudió en su ayuda el práctico del puerto, que trató de ayudar. Pronto se dieron cuenta de que el petrolero no podía entrar en los muelles, escorado como estaba. “Decidimos salir al mar”, recordaba Sánchez Lebón, que conversaba con el que era el jefe de seguridad de la refinería por aquel entonces, Ignacio Arnaiz: “Tú lo sabes. No podía pedir a aquellos remolcadores, a los que había visto echar chispas por la chimenea, que vinieran a ayudarnos con todo ese combustible derramándose”.

Llamas> Así que decidieron hacerse a la mar sólo para embarrancar. A las diez y media se ordenó a la tripulación, compuesta por más de treinta hombres, que abandonarán el barco, que no dejaba de verter crudo al océano. El combustible comenzó a arder, rodeando al “Urquiola” de olas en llamas y a la una y media, comenzaron las explosiones. Pasadas las dos de la tarde, saltó Sánchez y después Rodríguez. El práctico pudo llegar a tierra nadando, a pesar del humo y las llamas que le rodeaban. “O taxista co recolleu na cala do Canabal dixo que estaba cuberto de chapapote que botaba medo”, narró el teniente de alcalde. El capitán no fue tan afortunado. “Para mí fue un héroe, si llega a entrar en el puerto, las tuberías de la refinería pasan por debajo de la ciudad: aquello habría sido una Roma de Nerón”, decía Sánchez.
En tierra aún le esperaba su mujer, embarazada de siete meses: “Aquel día estuve esperándolo hasta el último momento. Me llamaron y me dijeron que parecía que... Son unos duros recuerdos”. Años después, la Papa Poutada, así como varias agujas submarinas más fueron voladas, y las cartas corregidas, aunque todavía subsiste el rencor de saber que podía haberse evitado. “La culpa es del Instituto Hidrográfico de la Marina –opina Sánchez– sabían que la cartas estaban mal”.


 

“El capitán fue un héroe, aquello hubiera sido una Roma de Nerón”