Eduardo Mendoza | “Quién iba a pensar que el rock and roll iba a ser más que una moda”

El escritor participó en “Encuentros con escritores” junto a Javier Pintor | pedro puig
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Con Mendoza todo puede ser posible. Por eso, “El rey recibe” (Seix Barral) es una novela del tiempo que vivió contada en primera persona por un quejica que come un pierogi y entra en un mundo secreto de princesas de mentira. Literatura con mayúsculas.

¿Qué le da el surrealismo a su literatura?
Me permite recordar que es una novela. Los lectores tienen tendencia a creerse lo que leen y con un disparate se pierde el sentido de la realidad. Las frases que intercalo son para que nadie coja carrerilla y vuelva a la idea de que se trata de una historia contada en papel y encuadernada. 
 
El protagonista recorre los mismos escenarios que usted. De Barcelona a Nueva York, ¿hay algo de autobiográfico en el personaje?
En todas hay mucho, pero en esta está claro que el personaje no soy yo. No tiene nada que ver con lo que me pasó, pero sí los recorridos, la época y los lugares son los míos. Es como si tuviera un hermano conmigo en ese periplo, pero yo me divertí más. Este es un poco reflexivo y al final es muy difícil engañar a los lectores, cuando uno escribe varias novelas, escribe la misma, que es la historia de uno con distintas encarnaciones como Spiderman. El protagonista está siempre fuera de sitio y para cuando lo consigue, se va.

¿Por qué lo hace así de marginal? 
Primero porque responde a mi manera de estar en el mundo, que es lo que le pasa a la mayoría de la gente, solo unos pocos que siempre me han parecido muy tontos piensan que hacen lo que tienen que hacer y todos les aplauden. El resto pensamos que nos van a desenmascarar en cualquier momento y a decir “eres un farsante, no tienes idea de nada, vete”. Después creo que los marginales tienen una visión de la sociedad y del mundo, de la época, porque la marginación es una forma de establecer distancia.

Las mujeres que aparecen en el libro hacen pensar.
Sí, es otra de las cosas que me tocó vivir y me parece un período interesantísimo. El movimiento feminista llevaba siglos en marcha, pero en Estados Unidos, iban por el tercero, el cuarto o el segundo, pero con características nuevas por el periodismo de la tele, de que todo pasaba en las casas de la gente. Había portavoces, personajes muy carismáticos y conocidos, no es lo mismo un movimiento que se expresa en la calle o con huelgas con el que simplemente hablando consigue imponer sus criterios o una parte. En España hubo también un segundo movimiento porque había habido uno en la república, después años de silencio y en ese momento volvieron a tomar la palabra y su propia libertad personal. Mujeres de mi edad no pudieron ir a la Universidad porque su padres pensaban que una señorita decente no podía y si iba, iba a pillar un novio y en poco tiempo el cambio fue grande porque hubo gente que pagó un precio.

¿De dónde sale la historia del príncipe?
Podría ser una novela distinta, pero la quería intercalar porque es la válvula de escape ya que iba a contar la historia de este individuo y sus circunstancias, no quería que pareciera un sociólogo, sino que tuviera una historia secreta, que es su relación con el absurdo, de conquista de reinos perdidos, princesas que son de mentira, con este mundo de la ficción, de la literatura y de todo lo que nos acompaña diariamente. Si no recibiéramos una dosis de serie de televisión, el mundo sería pesadísimo.

Es la primera de una trilogía en la que contará la historia más reciente. ¿Hasta dónde llegará?
Es el proyecto, veremos lo que pasa. Si al final sale mal, será parte de que lo que estoy intentando decir, que nunca hay que hacer planes, mi intención es llegar al 2000, el porqué no lo sé, porque es un número redondo.

¿Está trabajando ya en la segunda?
La tengo un poco interrumpida porque estoy metido en la promoción, pero tengo una parte escrita, otra pensada y otra no pensada, pero que está allí para ser pensada. Cuando vivía en aquella época no parecía que fuera tan interesante, se creía que los 50 era una década perdida porque no pasó nada, pero después se ha visto que fue de las más febriles, quién iba a pensar que el rock and roll iba a ser algo más que una moda, que detrás llevaba un cambio cultural muy potente o que los Beatles significaban algo. A mí esto es lo que me divierte, cada día leo el periódico mirando a ver si descubro una nueva tendencia.

¿Contará el procés y el Brexit?
Desde luego que no. Siempre me reservo hasta el último el derecho a cambiarlo todo. Es lo bueno de la literatura solo compromete a uno mismo. No sé lo que pasará la idea es que sí, seguir la historia, aunque igual es un poco muermo. Ahora que estoy con el segundo, digo “otra vez este tío tan quejica”, pero al contar la historia de los demás, cuanto menos tenga de él propio mejor, es el problema de la primera y la tercera persona. En este caso, la primera me obliga a que este personaje sea más testigo que actor. 

¿Le cae bien?
Caer bien no es la palabra porque como es en primera persona, estoy viéndolo todo a través de él y tengo ganas de darle collejas. El resto me caen mejor

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