El centro comercial Dolce Vita aún no tiene comprador tres años después de su clausura

La maleza ha empezado a cebarse con los accesos Patricia g. fraga
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La Inmobiliaria Chamartín, propietaria del abandonado centro comercial Dolce Vita, todavía no ha encontrado comprador para el inmueble ubicado en el polígono de A Grela. La empresa está en un concurso de acreedores y confirma que el liquidador encargado del proceso está buscando a una tercera parte interesada en la adquisición, pero cuando se van a cumplir tres años del cierre no hay noticias de que el cambio de manos esté cerca. A la espera de un nuevo dueño, el exterior del inmueble se deteriora mientras en el interior se acumula la suciedad.
El próximo martes 31 de enero la gran superficie Dolce Vita cumplirá su tercer aniversario cerrado al público. En este tiempo –incluso antes de la clausura y tapiado del edificio– surgieron diversos rumores sobre posibles proyectos o inquilinos para recuperar el centro comercial sin que ninguno llegara a fraguarse.
La propia inmobiliaria Chamartin, la última propietaria del edificio, asegura que a pesar de encontrarse en pleno concurso de acreedores se le está informando de todo lo que ocurre respecto a sus bienes. Por ello, fuentes de la compañía explican que todavía no hay ningún acuerdo de venta in extremis para rescatar del olvido el que fuera el gran reclamo comercial del parque empresarial antes de la implantación de Marineda City.
“Hay un administrador concursal que está acabando de mirar todo y este liquidador está buscando a un tercero que esté interesado en adquirirlo”, aclaran. De hecho, en estos últimos días “no hay ninguna noticia” de que haya otra compañía interesada en la compra.

un concurrido parking
Quizá aparezca en las próximas semanas pero de lo que no cabe duda es de que el paso del tiempo no ha perdonado a la instalación. Por dentro puede ser que la imagen no sea tan desoladora, pero la zona urbanizada en todo el perímetro exterior dentro del proyecto se ha convertido en una suerte de aparcamiento improvisado para los trabajadores de A Grela. Los coches toman desde hace años todas las aceras, así como las que antaño fueron las entradas y salidas de emergencia del Dolce Vita (hoy tapiadas por resistentes muros de ladrillo visto), los accesos al parking subterráneo e, incluso, la zona forrada en pizarra frente a la fachada principal de la edificación. Allí, donde hubo una fuente, se acumula agua estancada.
Esas no son las únicas imágenes del deterioro, pues la maleza copa los macizos decorativos sobre la acera y con el musgo, el moho y alguna que otra pintada empieza a tapar escaleras y muros. Los carteles que anunciaban las grandes enseñas que estaban presentes desde las fachadas laterales ya lucen descoloridos o despegados, mientras algunas estructuras que los aguantan amenazan con caerse.

El centro comercial Dolce Vita aún no tiene comprador tres años después de su clausura