Reportaje | Ramón De la Sagra, el padre Rubinos y Galo Salinas y Rodríguez, tres figuras coruñesas

La primera casa por la derecha es en la que nació Ramón de la Sagra | aec
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Algunas personas destacan por su inteligencia y sobriedad en sus profesiones. En este caso uno de los más importantes a tener es cuenta, es Ramón de la Sagra. Naturalista y economista, natural de A Coruña (8 de abril de 1798) y fallecido en Neuchatel (Suiza) en 1871, vino al mundo en la casa número 17 de la calle de San Nicolás, así lo recuerda una placa conmemorativa allí colocada.
Estudió Matemáticas en la universidad compostelana entre 1816 y 1817, de cuya enseñanza estaba encargado el geógrafo Domingo Fontán. El siguiente año cursó Medicina y Federica Montseny llegó a decir de él que “fue el primer anarquista que hubo en España”. Fue cuando el claustro de profesores le concedió el grado de doctor con toda solemnidad.
La obra de Ramón de la Sagra, adquiere toda su importancia en 1823, con ocasión de un viaje a La Habana, al parecer huyendo de lo que dejaba atrás: las peleas intestinas entre absolutistas y liberales. Allí se hizo cargo de la Escuela Botánica y aquel mismo año publicó unas memorias de observaciones meteorológicas y físicas, hechas en la navegación desde A Coruña a La Habana. Luego escribió los principios fundamentales sobre la introducción a la Escuela Botánica Agrícola.
Ademas, creó una cátedra de Mineralogía y Geología y dio a luz a una “Historia física, política y económica de la Isla de Cuba”. En 1834, se hizo famoso en los centros científicos de Europa y la Sociedad de Estadística Universal de París le concedió una medalla de honor.

Traslado a Nueva York
Un año más tarde se trasladó a Nueva York con el propósito de regresar a España, pero se quedó una temporada en aquella ciudad a estudiar las interesantes instituciones americanas, surgiendo de este estudio la formación de su personalidad como sociólogo, pensando siempre en aplicar sus enseñanzas. Sus experiencias culturales y de investigación le llevaron a crear una voluminosa obra de doce tomos que destinó a la Biblioteca Real de Madrid, que lleva por título “Cinco meses en los Estados Unidos de la América del Norte”, desde el 20 de abril al 23 de septiembre de 1835. También publicó el “Diario de un Viaje” (París, 1836) y “Lecciones de Economía Social”, en 1839.
Finalmente se estableció en París y mantuvo numerosos contactos con todas las personas dedicadas a la ciencia, colaborando con la prensa de aquel país y publicando diversas obras en lengua francesa.
En 1848 le atraen las cuestiones políticas y económicas, de cuya época datan numerosos trabajos de tipo social. El Gobierno de España le solicita que visite las exposiciones de Londres y Maguncia, publicando su informe sobre la industria alemana e inglesa, adaptado a la industria española. Estudiará asimismo otras exposiciones celebradas en Bélgica y Francia, con prácticas referencias a España.
Resultará elegido en varias ocasiones diputado a Cortes, representado a A Coruña, su ciudad natal y son curiosas sus observaciones sobre los partidos políticos de su época y ante la miseria reinante en España.
Se propone entonces estudiar los olvidados problemas económicos, ofreciendo las bases que sirvan de modelo para la reconstitución de la vida política y social española.
En el Ateneo de Madrid dio esclarecedoras conferencias, explicó un curso de enseñanza de economía y propagó la idea de Flores Estrada sobre el concepto de la propiedad en España. La obra que publica en 1859 refleja su pensamiento como político, economista y sociólogo, en un avanzado estudio sobre su utilización: “Le mal et le Remedes aphorismes socieaux”.
Galo Salinas y Rodríguez fu un periodista coruñés (1852-1921). Su nombre completo era Galo José María del Carmen y emigró a Montevideo muy joven. Trabajó en el comercio y regresó en 1876 para instalar en Pontedeume, en donde regentó una escuela como maestro.

Regionalismo
En 1881 fundó la Asociación Regionalista de Galicia y en 1892 salió a la calle la publicación “El regionalismo gallego. Estudio Social”.
En aquel tiempo se instaló en A Coruña y trabajó como periodista, siendo en 1895 cuando puso en marcha uno de sus proyectos, la “Revista Gallega”, semanario de literatura e interés regional, que se mantendrá por espacio de doce años, hasta que se marcha a Madrid para trabajar en el consulado de Montevideo.
Fue nombrado académico el 4 de septiembre de 1905 y cesó en el cargo al momento de su marcha a la Capital de España. El teatro era otra de sus apasionantes ocupaciones, llegando a fundar con otros amigos La Escuela Regional Gallega de Declamación, siendo la primera obra de esta escuela dramática “Filla” de 1892, drama escrito por el propio Salinas, la cual se estrenó en el teatro Rosalía de Castro (antes Teatro Principal) el 18 de enero de 1903. En sus trabajos periodísticos hizo uso de diversos nombres o pseudónimos.
Antonio Rubinos Ramos fue un religioso jesuita nacido en A Coruña en 1899 y fallecido en 1983. Más conocido como el Padre Rubinos, ingresó en la Compañía de Jesús de forma vocacional en 1913 y cursó los estudios de Humanismo en Carrión de los Condes, los de Filosofía en la Universidad Pontificia de Oña y los de Teología en la de Comillas, recibiendo la ordenación sacerdotal en 1930. Pasó a la enseñanza en los diversos centros de formación de la orden y durante la II República, a causa de la expulsión de los jesuitas, se trasladó a Bélgica, donde prosiguió la misma labor, pasando luego a ejercer de misionero en tierras americanas de Cuba y Santo Domingo, con similares cometidos.

Actividad apostólica
En 1943 es nombrado superior de la comunidad del colegio de la Guardia y tres años después es destinado a A Coruña, en donde permaneció el resto de sus días. Desarrolló una actividad apostólica que sería muy apreciada por los coruñeses, en la que destacan muchos trabajos, siendo uno de los principales la gran obra que lleva su nombre y que implicó a muchos seglares, como fue el Refugio del Patronato de la Caridad de San Roque, al que logró dotar de modernas instalaciones y la cercana residencia de ancianos, en cuyas instalaciones la ciudad se volcó gracias a su impulso personal. l

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