Un carro de ideas brillantes en la romería del I+D

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El Día de la Ciencia en la Calle buscó cobijo bajo la lona de 50 jaimas donde 23 centros desplegaron sus experimentos para fabricar nubes a ras de tierra y situar a Júpiter en el cielo de Santa Margarita. El parque fue testigo un año más de una romería del I+D que ofreció al curioso ajedreces gigantes y cubos de rubik y confirmó que cualquier persona puede tener una idea brillante. Solo hacen faltan ganas y un poco de ingenio.

reportaje de marta garcía márquez

El parque de Santa Margarita fue ayer un probeta. Mil escolares participaron en una nueva edición del Día de la Ciencia en la Calle y ventilaron sus bártulos para demostrar que cualquiera puede ser capaz de tener una idea brillante. Y de materializarla.


Un total de 23 centros escolares y colectivos ofrecieron al curioso la puesta en escena de experimentos que anteriormente trabajaron a puerta cerrada durante meses. Era el momento de presumir de coco y mientras los chavales del David Buján de Cambre colocaban latas de refrescos en una pecera, los niños de Franciscanos plantaban sobre la mesa su gran invento. Una campana de vacío. Pasó que en el caso de los primeros, las coca-colas light flotaban en la superficie, al contrario que las normales, que se fueron al fondo del recipiente. Su experimento hacía ver las diferencias entre el líquido endulzado con aspartamo, bajo en calorías, y el azúcar. En cuanto a la campana de vacío, los alumnos de Franciscanos sacaron de la manga un truco en el que quedó de manifiesto que el ruido no se propaga en el vacío.
La fiesta científica se aderezó también con ajedreces gigantes y juegos para ejercitar la mente que se desplegaban en medio de proyectos relacionados con la tecnología, la astronomía o la biología. Incluso se organizó un concurso de cubos de rubik y los curiosos pudieron comprobar a qué distancia se encontraba Júpiter de su nariz con la asociación Io, que representaba con una moneda de un céntimo el planeta más grande del sistema solar.
La celebración no le puso edad al talento y en el parque se dieron cita desde niños de la escuela infantil de Monte Alto a los universitarios de la facultad de Ciencias, que trajeron en la maleta dióxido de carbono a 40 grados bajo cero para convertirlo en gas y fabricar nubes a ras de tierra.
El presidente de la Asociación de Amigos de la Casa de las Ciencias, Javier Novelle, destacaba la participación de coles y entidades a pesar de la crisis y decía que mucho está en los profesores. Ellos son los encargados de despertar la curiosidad para que los niños empiecen a funcionar y discurran genialidades de pequeñas cosas.

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