Todos queremos más

|

El Ideal Gallego-2011-07-08-003-0610123e

  crónica de miguel pampín

Hablemos de pizarras. Por la derecha, el PP plantea un 2-7-4. De Salvador y Cid en la retaguardia; Mourelo, Padín, Martín, Coira, Freire, Lorenzo y Hervada en un nutrido centro del campo; De Dios, Vilaseco, Gallego y Flores en la delantera. Avanzando por la derecha.
El 4-4 del PSOE abandona su tradicional pareja de cierre –Nogueira y Lareo– para repartirse en dos filas. Arman la primera línea de fuego Longueira, Nieves, Moreda y la capitana, Barcón.
El BNG escoge el carril izquierdo y plantea un curioso dibujo con Caxigal en punta y Valencia, Bravo y Carril (perdónese la redundancia) en la base de la pirámide.
Y Santiso...
Santiso es el llanero solitario. Llega solo al pleno, se enfrenta solo a su debut y solo, de solamente, consume el tiempo necesario. Conciso y directo. Llano. Tuteando a sus compañeros. Nada de venias, señorías ni gaitas. Lo suyo es la veciñanza y, fiel a su discurso, pide con vigor una Concejalía de Participación Ciudadana.
Los primeros en saltar al terreno de juego son los que defienden el título. Los concejales del PP merodean por el salón, se asoman al pasillo y esperan a que llegue Negreira.
No es un día cualquiera para el alcalde. Abandona los mocasines marrones y las americanas sport, y opta por combinar el gris y el azul para traje, camisa y corbata. Zapato negro. De vestir.
En una esquina, cerca del guardarropa, Bravo espera agazapada la llegada de sus tres compañeros para irrumpir en Bloque (Nacionalista y Galego) en el escenario.
Santiso (José César, José o como haya querido llamarlo Negreira) serpentea entre periodistas y asesores –que haberlos haylos– y enfila directo al salón.
Faltan los socialistas. Se hacen de rogar. Suscitan comentarios. Sin ellos no hay función. Aparecen. Cinco mujeres y tres hombres. Ni cremallera, ni velcro. La igualdad bien entendida.
En el guión, nada inesperado. Todos queremos más. Queremos más asesores, queremos más representación en las comisiones, queremos más presencia en los órganos colegiados, queremos más transparencia, queremos más calidad democrática...
La oposición se opone. Es lo suyo. Lo hace con aire de lacón –lacónico– Santiso; con risa floja Carril –“O día que esto non me faga gracia, marcho para casa”–; con mano firme y muchas tablas Barcón, y con un deje de oposición a la oposición Flores. Los duelos que anuncian los próximos cuatro años entre Julio Flores y Mar Barcón prometen.
Negreira es el alcalde. Conoce sus papel. Hora y cuarto de cara de póquer, por más que en la sala la balasera sea a cuenta de su sueldo. Si hay que reprender a alguien por exceder el tiempo, que sea a Julio Flores, y que ambos se sonrían regateando segundos.
Todo es muy raro para el asiduo a María Pita. Habrá que ir acostumbrándose.


 

Hablemos de pizarras. Por la derecha, el PP plantea un 2-7-4. De Salvador y Cid en la retaguardia; Mourelo, Padín, Martín, Coira, Freire, Lorenzo y Hervada en un nutrido centro del campo; De Dios, Vilaseco, Gallego y Flores en la delantera. Avanzando por la derecha.
El 4-4 del PSOE abandona su tradicional pareja de cierre –Nogueira y Lareo– para repartirse en dos filas. Arman la primera línea de fuego Longueira, Nieves, Moreda y la capitana, Barcón.
El BNG escoge el carril izquierdo y plantea un curioso dibujo con Caxigal en punta y Valencia, Bravo y Carril (perdónese la redundancia) en la base de la pirámide.
Y Santiso...
Santiso es el llanero solitario. Llega solo al pleno, se enfrenta solo a su debut y solo, de solamente, consume el tiempo necesario. Conciso y directo. Llano. Tuteando a sus compañeros. Nada de venias, señorías ni gaitas. Lo suyo es la veciñanza y, fiel a su discurso, pide con vigor una Concejalía de Participación Ciudadana.
Los primeros en saltar al terreno de juego son los que defienden el título. Los concejales del PP merodean por el salón, se asoman al pasillo y esperan a que llegue Negreira.
No es un día cualquiera para el alcalde. Abandona los mocasines marrones y las americanas sport, y opta por combinar el gris y el azul para traje, camisa y corbata. Zapato negro. De vestir.
En una esquina, cerca del guardarropa, Bravo espera agazapada la llegada de sus tres compañeros para irrumpir en Bloque (Nacionalista y Galego) en el escenario.
Santiso (José César, José o como haya querido llamarlo Negreira) serpentea entre periodistas y asesores –que haberlos haylos– y enfila directo al salón.
Faltan los socialistas. Se hacen de rogar. Suscitan comentarios. Sin ellos no hay función. Aparecen. Cinco mujeres y tres hombres. Ni cremallera, ni velcro. La igualdad bien entendida.
En el guión, nada inesperado. Todos queremos más. Queremos más asesores, queremos más representación en las comisiones, queremos más presencia en los órganos colegiados, queremos más transparencia, queremos más calidad democrática...
La oposición se opone. Es lo suyo. Lo hace con aire de lacón –lacónico– Santiso; con risa floja Carril –“O día que esto non me faga gracia, marcho para casa”–; con mano firme y muchas tablas Barcón, y con un deje de oposición a la oposición Flores. Los duelos que anuncian los próximos cuatro años entre Julio Flores y Mar Barcón prometen.
Negreira es el alcalde. Conoce sus papel. Hora y cuarto de cara de póquer, por más que en la sala la balasera sea a cuenta de su sueldo. Si hay que reprender a alguien por exceder el tiempo, que sea a Julio Flores, y que ambos se sonrían regateando segundos.
Todo es muy raro para el asiduo a María Pita. Habrá que ir acostumbrándose.

Todos queremos más