Francisco I proclama santos a dos “restauradores” de la Iglesia católica

OSR101. Vatican City (Vatican City State (holy See)), 27/04/2014.- A handout photo provided by the Vatican press office 'L'Osservatore Romano' on 27 April 2014 shows Pope Francis embracing Pope Emeritus Benedict XVI (L) during the canonization mass of Pop
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Los papas Juan XXIII y Juan Pablo II fueron proclamados ayer santos en una ceremonia histórica y multitudinaria en la que el papa Francisco destacó que ambos “restauraron y actualizaron la Iglesia” a su imagen original.
El papa proclamó la santidad de los dos pontífices ante medio millón de peregrinos llegados de todo el mundo a San Pedro y sus aledaños, según datos del Vaticano, que estimó en cerca de 800.000 los que se congregaron en Roma para la ocasión.
Con la fórmula en latín, Francisco pidió que se inscribiese a los dos papas en el libro de los santos y un fuerte aplauso se oyó en San Pedro y en las plazas de Roma donde se seguía la ceremonia, que evitó la lluvia.
Fue el día histórico de los “cuatro papas” ya que además de que Francisco proclamó santos a Karol Wojtyla y Angelo Roncalli, con los cardenales presentes, a la izquierda del altar, estuvo el papa emérito Benedicto XVI, a quien el papa argentino abrazó antes de comenzar la misa.
“Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisionomía originaria, la fisionomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos”, explicó Francisco en su homilía.
El papa argentino comenzó la misa comentando el episodio bíblico sobre Santo Tomás que toca las llagas de Jesús resucitado y el pontífice argentino subrayó que Wojtyla y Roncalli “tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado”. “No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano, porque en cada persona que sufría veían a Jesús”, agregó.
Para el papa, “en estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia había una esperanza viva, junto a un gozo inefable y radiante”.

Francisco I proclama santos a dos “restauradores” de la Iglesia católica