La garra se impone al toque

Los jugadores del Atlético de Madrid celebran la victoria sobre el FC Barcelona tras el partido de vuelta de cuartos de final de la Liga de Campeones en el estadio Vicente Calderón, en Madrid. EFE
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Un comienzo de partido apabullante, con un gol y tres disparos al poste, lanzaron al Atlético de Madrid a las semifinales de la Liga de Campeones 40 años después y eliminaron al Barcelona, lejos de su mejor versión, anulado casi siempre por el extraordinario esfuerzo de un conjunto rojiblanco formidable.
No estará el equipo azulgrana en una ronda que había jugado las últimas seis ediciones de forma consecutiva, porque el Atlético fue un equipo soberbio, en ataque cuando comenzó el encuentro y en defensa cuando apretó en el segundo tiempo el Barcelona, que nunca se sintió ganador ni halló la fórmula para derribar a su adversario.
No sólo marcó el Atlético en el minuto 5, cuando Koke enganchó en el segundo palo un toque de cabeza de un sensacional Adrián López, el sustituto de Costa en el once, sino que arrinconó al conjunto azulgrana con una fuerza tremenda y con una presión que anuló la salida de pelota y la transición de un agobiado Barça.
Tan exigido, sin un milímetro para maniobrar, con un par o tres hombres rojiblancos al acecho en cada acción, con Gabi insuperable, el Barcelona padeció un sufrimiento inesperado. Sólo los postes, tres (el primero fue en la jugada del 1-0), dos de ellos de Villa, minimizaron los daños azulgranas en 20 minutos imponentes del Atlético.
Ahí flojeó la defensa del Barcelona, con el conjunto madrileño siempre en busca de la espalda de los centrales, sintió muchísima inquietud Pinto y sólo encontró alivio el equipo visitante en jugadas esporádicas, cuando apareció alguna genialidad de Neymar, cuando Messi cabeceó un centro de Alves o con algún tiro lejano.
El 1-0 fue una buena noticia para el Barcelona, que sobrevivió al ímpetu de un magnífico Atlético y que retomó el balón superado ese momento, en ese tramo siempre con Iniesta como eje, como el jugador con más presencia, pero sin profundidad en el camino hacia el descanso, en el que los rojiblancos replegaron líneas con eficacia.
Con el aguante del equipo madrileño tras el formidable esfuerzo del comienzo del choque y las obligaciones del Barcelona entró en juego el segundo tiempo, con susto para el Atlético: Courtois le ganó un uno contra uno a Neymar, al que rebañó el balón en el área y, tras una serie de rechaces, Xavi falló a un metro de la línea, a puerta vacía, con el portero en el suelo.
Un aviso fugaz del Barcelona, con mucho más balón, con más precisión, con más verticalidad, más cerca del área pero sin ocasiones ante el conjunto rojiblanco, que esperaba sin fisuras en un cuarto de campo, en una parcela en la que se mueve con soltura en defensa, pero también una zona con riesgos.
Un cabezazo fuera de Xavi, ya un cuarto de hora más tarde, fue la siguiente ocasión azulgrana, aún demasiado poco, aún muy lejos del nivel que dispone en su plantilla, aún con Messi desactivado y aún contenido por la solidaridad del Atlético, también incisivo cuando propuso algún contragolpe, como los que paró un salvador Pinto a Diego Ribas, primero, y a un impresionante Gabi, después.
Pidió penalti a Villa el Atlético, rearmado, de nuevo mejor que su contrincante para el último esfuerzo, para los 20 minutos finales, para sacar billete para las semifinales después de 40 años, desde aquel 1974 en el quedó subcampeón de Europa, para estar entre los cuatro mejores de Europa. n

 

La garra se impone al toque