Reportaje | El único Globo de San Roque “en diferido” de la historia de Betanzos

El proceso constructivo es “especialmente laborioso”, pero los participantes se entregan para que todo esté perfecto | AEC
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Betanzos apura la construcción del Globo de San Roque. Poco más de dos semanas para su “Día D”. Los preparativos, aislados de los flashes de la última noche, transcurren sin sobresaltos, con calma y, ante todo, con la naturalidad y el rigor de 1875. Los Pita, rodeados de colaboradores, supervisan un proceso que, a quince jornadas de la gran cita, ha entrado en su última etapa, la del ornato, en la que, como en las anteriores y las posteriores, manda la tradición... manda Betanzos. De ellos –constructores e ilustradores– depende que todo esté en orden el 16. Todo, salvo la meteorología, casi el único elemento que no es de su competencia y que, por supuesto, encomiendan a San Roque.
Nadie quiere que llueva el 16 de agosto en Betanzos. Pero si lo hiciese, los betanceiros tienen “Plan B”. El seguido hace ahora medio siglo, en 1967. Entonces, una borrasca les aguó la celebración y, cautelosos ellos, optaron por aplazar un par de días el “despegue” desde la plaza de García Irmáns. En concereto, hasta el 18, primera jira a Os Caneiros. Lo sabe bien la edil Mónica Carneiro. No porque lo recuerde, sino por las veces que se lo contaron sus padres que, como ella, de Betanzos. Porque al día siguiente nació Mónica. El único 19 de agosto de la historia, o al menos del que se tenga constancia, que los betanceiros despertaron con doble resaca: del Globo y del Mandeo.
“Mis padres subieron hasta el campo (Os Caneiros), y después estuvieron viendo como subía el globo y, al volver a casa, mi madre se puso de parto”, cuenta la edil, que hace unos días celebró los 50 con otros tantos coetáneos, medio centenar de betanceiros que se reunieron en El Matadero.
Así, conscientes de que el cielo no lo pueden controlar, se centran en todo lo demás, en cada detalle de un proceso constructivo “especialmente laborioso”, que comienza cortando el papel en pequeños pliegos de 0,90 por 0,60.
Después, en una superficie lisa, se traza la forma del patrón (uno de los dieciséis cuarterones) sobre el que se van uniendo las piezas hasta completar la figura ideada hace más de cien años por Claudino Pita Pandelo.
En una segunda etapa, se incorporan las tiras de lienzo, que aportan resistencia, y los “fonos” (2,50 metros), que se colocan en las partes superior e inferior de cada cuarterón, a las que los betanceiros se refieren como el “periquito” y la “boca” del Globo.
El siguiente paso es el más complicado, y requiere altas dosis de cuidado: “Unimos los cuarterones mediante una pegadura por el borde, un pliego contra otro, con tiras de papel de 0,50 por 0,12 metros, bien empapadas en engrudo”. Esta operación implica, además, soltura y resolución, ya que “debe hacerse rápido, de una sola vez, sin parar...”. De lo contrario, el “gigante” se deforma y... Ay de Betanzos!

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