Los creadores piden más residencias

los tres llevan meses compartiendo espacio en el museo, desde el que proyectan sus ideas javier alborés
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La china Weina Ding recaló hace ocho años en la ciudad a raíz de la apertura de Inditex al mundo de la decoración y los utensilios de casa. Zara Home contaba entre sus filas con las ideas de la artista para adosarlas a sus productos. Un tiempo después, Weina se dio cuenta de que, en realidad, su arte necesitaba más libertad. No podía estar atado a pedidos. Por eso, se desvinculó de la firma y decidió lanzarse a la piscina.

Ella es una de los tres residentes que llevan meses trabajando ideas en el MAC. El museo les da metros cuadrados y a cambio, los tres expanden sus proyectos sin preocuparles las dimensiones. Weina Ding, Sonia Esturao y Jorge Couceiro coinciden en señalar que estos puntos de encuentro son necesarios para los que se suelen encerrar en un estudio y llegan a creer que su mundo es el mundo. Tienden a no compartir lo que cocinan cuando es todo lo contrario. Comentan que el arte necesita una red: solicita lazos y es como el ganchillo. Se va haciendo poco a poco.

la china Weina DING SE INSTALÓ HACE OCHO AÑOS EN LA CIUDAD COMO DISEÑADORA

En el caso de Esturao, su forma de trabajar respira del óleo y los tejidos. Hija de emigrantes gallegos, la artista conserva su acento londinense. Acostumbrada a viajar y crecer en países diferentes, la pintora dice que “sueles buscar lo común y al final los patrones son internacionales”. Y la sociedad se mueve inconsciente por el mundo.

De ahí que sus obras conjuguen por un lado esa inconsciencia a través de los fondos de sus cuadros que están bordados con hilos y por otro, introduce lo físico en personas sin piel. Con los músculos al descubierto como la parte física. Sus modelos salen de fotografías y libros de anatomía. Después de cursar Bellas Artes en Inglaterra, Sonia se pasó seis años a la deriva buscando su sitio. Ahora que lo ha encontrado, agradece iniciativas como la del MAC para evitar que uno se encierre y hable libremente.

A un mes de que finalice su residencia, los tres han sacado adelante sus ideas pero, sobre todo, han intercambiado pensamientos con sus compañeros de pupitre. Weina Ding ha impregnado el espacio con cultura china y el proverbio del poeta Li Bai “Una bebida con la luna es una compañía de tres” le ha servido para expresar la inquietud humana. De no saber la razón real de su existencia. Sus instalaciones hablan de la soledad y pretenden generar sensaciones cómodas en el curioso para que cada uno elija una interpretación. La que quiera. En una segunda puesta en escena, instala un caleidoscopio hacia el infinito.

Por su parte, Jorge Couceiro juega con las palabras y el doble sentido. Entre sus misivas convertidas en instalaciones, el artista proclama una primavera árabe. Parte de una frase de Lou Reed y convierte cada pieza en reflexión. Para enfrentar al “eco” que se diluye en el espacio con el “ego”, en un juego de sombras de tal forma que depende de la fuerza con la que el espectador mueve una bombilla, el ego tiene más fuerza o menos. Y poco a poco, dice Couceiro, los espacio artísticos toman conciencia y se van abriendo a este tipo de iniciativas. Que son como aspirinas.

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