
Betanzos, una ciudad consternada y de luto, dio su último adiós a la pequeña Cristina. Cientos de brigantinos acompañaron a la familia durante la misa, que tuvo lugar en la iglesia parroquial de Santiago, y posteriormente, en el entierro, en el cementerio municipal, al lado del Santuario de Nosa Señora do Camiño.
La madre y la abuela de la niña, todavía en estado de shock, no pudieron asistir, pero sí el padre de la menor, roto de dolor, arropado por sus más allegados y por la corporación municipal en pleno, encabezada por su alcalde, Ramón García Vázquez. También se desplazaron hasta la localidad, la titular de la Consellería de Benestar, Beatriz Mato –quien por la mañana ya había visitado al matrimonio en el tanatorio acompañada por el regidor– y el gerente del Consorcio Galego de Servizos de Igualdade e Benestar, Roberto Rodríguez.
El sacerdote encargado de presidir la ceremonia, el mismo que, como recordó en su homilía, bautizó a la niña y a sus dos hermanos de seis y ocho años, trató de buscar palabras de consuelo para la familia de la pequeña, que ayer “hubiese celebrado la Festividad de Santa Cristina”.
La menor falleció a primera hora de la tarde del lunes en una de las piscinas hinchables instaladas en una de las zonas verdes de la Escola Infantil de O Carregal, de la Rede “A Galiña Azul” de la Xunta. La autopsia, que se le practicó el mismo día, aclarará las causas de la muerte, aunque los forenses desplazados hasta Betanzos dan prácticamente por seguro el ahogamiento como motivo. Las investigaciones continúan abiertas, y algunas de las cuidadoras prestaron ayer declaración ante al Guardia Civil.
Cautela
Desde la Consellería de Benestar solicitaron “cautela” y, sobre todo, “respeto” a la familia en unos momentos tan difíciles, a la espera de concretar las circunstancias en las que se produjo el suceso, aunque sí se avanzó que se cumplían rigurosamente las ratios de personal, ya que había seis educadoras en el centro en el momento en que ocurrieron los hechos, además de una coordinadora. La cría estaba junto a otros 32 pequeños jugando en el exterior, mientras que en las aulas interiores había diez bebés.
Las piscina se instaló hace sólo unos días a petición de los padres de los usuarios de la guardería, que incluso donaron alguna de las balsas, y el centro informó a las familias, con carácter previo a la celebración de la actividad, de los juegos acuáticos que se iban a desarrollar en uno de los patios de O Carregal.
El uso de este tipo de equipamientos, aunque no está regulado, es habitual en las guarderías, según fuentes de la Xunta.
El gerente del Consorcio de Igualdade insistió en que se debe esperar a las conclusiones de los informes “tanto internos como externos” y de las investigaciones abiertas, tanto de la Xunta como a nivel judicial, para poder establecer las causas del suceso que ha consternado Betanzos: “Hasta entonces, creo que debemos ser muy prudentes”, concluyó Roberto Rodríguez. n




















