La asociación Hevega respalda desde hace más de un año a los venezolanos recién llegados

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Según Rosa, su presidenta, los que eligen A Coruña no son emigrantes retornados o hijos de emigrantes, sino venezolanos que fijan su destino aquí porque creen que es donde más abanico de opciones van a tener. Con sede en la avenida de Oza, 204, en un local cedido por Abanca, el colectivo se mueve. Son 28 socios fundacionales y 100 usuarios y en previsión está abrir el círculo a más gente. 

El objetivo pasa por integrar a sus paisanos en los primeros meses en este lado del charco. Y es que según datos del IGE, el año pasado estaban empadronados en A Coruña 3.173 compatriotas, pero Rosa calcula que en toda la provincia llegaron desde 2.016 cerca de 5.000. Después de Madrid y Canarias, está Galicia como comunidad cobijo de familias enteras porque, a diferencia de los gallegos que emigraron solos, “aquí no hay cultura de emigrar, se van todos, hasta las mascotas”. 

En general, la responsable señala que vienen con una idea de lo que quieren hacer, bien por las recomendaciones de la familia gallega y con el programa de la Xunta Estratexia Retorna 2020 presente, bien porque allá “si no es el vecino de arriba gallego es el compadre”. Muchos aterrizan  solicitando el asilo internacional alegando que son víctimas de una persecución política o de amedrentamiento. 

Otros lo hacen en situación irregular sin documentación para solicitar la tarjeta de residencia, así que Hevega les asesora y ayuda. Tienen en marcha una campaña de ropa de invierno tanto para los que emigran como para los que siguen en su país: “Para los que están en A Coruña hay una prioridad textil y de alimentos, pero para mandar pedimos medicamentos y fórmulas lácteas para los bebés”. 


Algunos, cuenta Rosa, vienen con algo, “propiedades que al cambio se traducen en casi nada”. Ellos les indican a qué ONG deben de ir. Destaca que los que aparcan sus bártulos tienen una actitud emprendedora: “Han abierto muchos bares, negocios de envíos de paquetería, muchos están montando franquicias de papelerías y librerías o entran en los supermercados Día”. Y es que en general, el que se instala con dinero va a por todas. Lo que peor llevan, según la venezolana, es la paciencia, “no tenemos y queremos resultados más rápido”. Funcionan a otro tempo donde la inmediatez es para todos. Por eso, a veces se frustran. Trabajan solo en el ámbito coruñés y están en fase de organización asesorándose legalmente para ser un bastón psicológico: “Queremos abrir las puertas a otros”.

La asociación Hevega respalda desde hace más de un año a los venezolanos recién llegados