La denuncia por corrupción contra Temer agrava una crisis histórica en Brasil

El presidente de Brasil, Michel Temer | Joédson Alves (EFE)
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El presidente de Brasil, Michel Temer, fue denunciado ayer por presunta corrupción pasiva y se convirtió en el primer mandatario en la historia del país en ser acusado por la Fiscalía en pleno ejercicio del poder por un delito penal, en medio de una crisis política e institucional que no tiene límites.


Los delitos practicados “poseen un alto grado de reprobación, causan conmoción social, descrédito, además de ser capaces de producir intranquilidad social y descreimiento de la población, víctima inmediata de la práctica delictiva”, recoge la denuncia, de 64 páginas, firmada por el fiscal general, Rodrigo Janot.
Para ser avalada, la denuncia tendrá que ser aprobada por al menos dos tercios del pleno de la Cámara de Diputados, donde Temer conserva, por el momento, una amplia mayoría.


Se trata de una Cámara de Diputados desprestigiada y con cerca de un 30% de sus miembros en problemas judiciales. En caso de que los diputados autoricen la denuncia, la Corte Suprema analizaría el asunto en su pleno y, de secundar la decisión de la Cámara Baja, Temer sería suspendido de sus funciones durante un plazo de 180 días. El delito de corrupción pasiva está castigado en Brasil con pena de prisión de entre dos a doce años más una multa económica.
Por su parte, Temer afirmó que tiene una “preocupación mínima” con la denuncia, de la cual aseguró que es “una pieza de ficción” sin “fundamentos jurídicos”.


El presidente brasileño declaró que tiene “un respeto absoluto por el Poder Judicial”, pero que la denuncia de la Fiscalía está basada solamente en “supuestas pruebas ilícitas” y en “hilaciones” ajenas a la verdad.

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