Betanzos-Primeiro de Maio... y de copa

|

10

  Reportaje de lucía tenreiro

Para España, el 11 de julio de 2010 fue especial. En Betanzos, todos los 1 de mayo son especiales desde 1341. Las dos fechas convergen en un mismo espacio: el salón de sesiones del consistorio brigantino, donde cientos de aficionados aprovechan su visita a la feria para abrazar la Copa del Mundo alcanzada en Sudráfrica. El trofeo, flanqueado por agentes municipales con uniforme de gala, recibe besos, caricias y flashes. “¡Qué bonita es, papá. Es la que levantó Iker!”. Los niños viven con emoción la llegada del trofeo, bajo los arcos de los Xóvenes do Pobo que bailan para “ella” su Danza dos Mareantes; entre los aplausos de la corporación casi en pleno, incluida María Dolores Faraldo.
Directivos de la Federación Gallega de Fútbol y del Betanzos CF se encargan de depositar la copa en el centro del salón principal, sobre una bandera roja y gualda. Empieza el desfile y, por momentos, la cola alcanza la Rúa do Castro. “Betanceiros en el Mundo” se ocupa de las imágenes que, durante toda la jornada, van subiendo a la red a través de Facebook.
En O Campo, las mismas aglomeraciones que cualquier Día del Trabajo: Os Soportales, intransitables para los peatones, y los principales accesos, un caos para los conductores, circulen por A Ponte Vella o A Magdalena. Porque en As Mariñas no hay Primeiro de Maio sin Betanzos, y en Betanzos no hay comida familiar que se precie sin sobremesa con la Copa del Mundo de Fútbol 2010.
El mercado se reinventa: “Nada es igual, ni en Maio ni en Santos”. Las prioridades no son las mismas, y si antes el objetivo eran los terneros, los cerdos o las gallinas, ahora lo son la cerveza y el café con leche, aunque a la lechuga de siembra, los huevos de corral o el queso del país no le faltan aficionados. Las flores, en su mes, irrumpen, como por sorpresa, entre los puestos de pan y patatas nuevas. El mismo esplendor, sin vergüenza ni medias tintas, que hace dos siglos, pero con guiños constantes a la modernidad de la mano de camisetas, bolsos y zapatos. Dicen que, por veinte euros, puede uno vestirse de arriba abajo. Complementos incluidos. También dicen que son cada vez menos los que comparan y más los que pasean por la García Irmáns. En cualquier caso, las ferias se mantienen a pesar de los años, y los productos del campo a pesar de los precocinados. Desde 1341, cuando el Rey Fernando concedió su privilegio, hasta 2011, un año después de que la selección española triunfase en Sudáfrica.
En los establecimientos, qye ahora cierran a mediodía, no se ven los apuros de otros tiempos ni la cola para entrar en el Ayuntamiento, pero los fieles no fallan. “Ata a feira”. En quince días, regresan. Eso no cambia.


 

Betanzos-Primeiro de Maio... y de copa