Los plumachos se adueñan de los terrenos de Bunge seis años después de la marcha de la firma

Las plantas invasoras dominan el paisaje en la zona que ocupaba la aceitera pedro puig
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Han pasado seis años desde que la multinacional aceitera Bunge Iberica decidiese abandonar el ayuntamiento de Culleredo y desmantelar las instalaciones que posee en la zona de A Barcala y el solar que ocupaba se ha convertido en terreno fértil para los plumachos.
Esta planta invasora, originaria de la Pampa argentina, es la única que se ha visto beneficiada por el abandono de los terrenos, ya que las propuestas laborales o sociales y culturales que en su momento se hicieron para cubrir el hueco que dejaba la empresa, que en 1996 llegó a contar con 160 empleados, duermen todas ellas el sueño de los justos.
Cabe señalar que las iniciativas, entre ellas una para reconvertir el solar en un espacio lúdico para los vecinos del municipio y de la comarca, nunca fueron del agrado de los responsables de la multinacional. A cambio de los terrenos solicitaban montantes económicos prohibitivos para un momento, como 2010, inmerso de lleno en plena crisis. La realidad es que ha pasado el tiempo y ni siquiera el Gobierno local, que preside Julio Sacristán, dispone de información sobre un posible futuro para un solar sobre el que se asentó la empresa Bunge en la década de los sesenta.
El principio del fin dio comienzo una mañana de noviembre de 2008 cuando un silo de grano se desplomó. Este accidente marcó el destino definitivo de la fábrica y de los escasos 50 trabajadores de la planta. Los responsables de la empresa comunicaban, en septiembre de 2009, a los empleados que la planta se cerraba. Todo en medio de un conflicto laboral, especialmente violento.

fondos
La división española de la empresa, con sede en Estados Unidos, señalaba a sus empleados que carecía de fondos suficientes para hacerse cargo del coste que suponía mantener abiertas las puertas de la fábrica. Las aseguradoras exigían diez millones.
El cierre tuvo lugar en noviembre de 2010 y desde ese momento los plumachos disponen de un vergel.

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