Empleados esenciales, héroes en el balcón, enemigos en el rellano

Pintada aparecida en el coche de una ginecóloga catalana | ep
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Letreros que invitan a marcharse, manchas de lejía en la puerta, un coche pintado con espray: “Rata contagiosa”. Además de matar, en algunos casos el coronavirus ha convertido la empatía en una cuestión de distancia: la que va de la ventana de los aplausos de cada tarde a las zonas comunes compartidas con el vecino expuesto por trabajo a la enfermedad. Hablan los ejemplos.

Alcázar de San Juan, Ciudad Real: “Hola, vecino. Sabemos de tu buena labor en el hospital y se agradece, pero debes pensar también en tus vecinos. Aquí hay niños y ancianos. Hay lugares como el Barataria, donde están alojando a profesionales. Mientras esto dure, te pido que lo pienses”.

La madre de Jesús, médico de familia en el hospital La Mancha Centro, que mantiene hospitalizados a 203 personas con positivo por coronavirus, dio la voz de alarma en su perfil de Facebook. Nacido en las Islas Canarias pero con un puesto de trabajo en la Península, la amenaza, al contrario, le ha facilitado ayuda emocional, comida y ofertas de alojamientos.

La alcaldesa de Alcázar de San Juan le entregó una carta de agradecimiento por el esfuerzo dedicado a la atención de los enfermos, en tanto que el cartel que le invitaba a marcharse fue reemplazado por uno bien distinto, que destacaba: “Aquí vive un héroe”.

Cartagena, Murcia: “Somos tus vecinos y queremos pedirte por el bien de todos que te busques otra vivienda mientras dura esto, ya que hemos visto que trabajas en un supermercado y aquí vivimos muchas personas. No queremos más riesgo”. El hijo de Míriam sobrevive con 10 años al castigo de no poder salir de casa. La inocencia de la edad lo llevó a creer que el folio escrito a rotulador que había encontrado en el rellano lo único que pedía a su madre era buscar una casa nueva porque trabajaba en un supermercado. El pequeño rompió a llorar.

Barcelona, mes de abril. Silvana entra en el garaje para coger el coche rumbo a una nueva jornada de trabajo como ginecóloga, pero en el lateral de la puerta del conductor han pintado “Rata contagiosa” con espray negro sobre la carrocería blanca. Según ha confirmado, antes de asistir a una mujer de parto la doctora ha denunciado los hechos a los Mossos d’Esquadra.

En la carnicería de un hipermercado de Noia (A Coruña) trabaja José Antonio, natural de Gijón (Asturias), que, cuando en la puerta de su edificio vio un sobre en blanco, pensó que sería por el bullicio armado por su hijo, de dos años, pero se equivocaba. Era una nota en mayúsculas, sin firma, en la que se le pedía que buscara otro lugar, porque su trabajo suponía un peligro. A su mujer, embarazada de cinco meses, le entró un ataque de pánico. Hablaron con los residentes y encontraron apoyo en ellos y mensajes de aliento. No saben qué ha pasado ni quién ha  sido.

Empleados esenciales, héroes en el balcón, enemigos en el rellano