El dúo Crystal Castles pasa por Madrid como una febril exhalación

|

 El dúo de electrónica experimental Crystal Castles ha pasado hoy por Madrid como uno de esos efímeros procesos febriles en los que el enfermo, en este caso las más de mil personas congregadas en La Riviera, se ha visto sometido -con gusto- a poco más de una hora de gritos agónicos y sudorosos saltos catárticos.

Los canadienses Alice Glass e Ethan Kath, tan acostumbrados a pisar suelo español, han regresado a estas tierras en una de las primeras paradas de su gira europea para presentar su tercer disco, conocido sencillamente como "III", incluido por numerosos medios especializados como uno de los mejores trabajos del pasado año.

Con todo, la banda ha ofrecido un repertorio variado en el que se han alternado piezas nuevas como "Wrath of God" con otras extraídas de sus discos anteriores, el homónimo "Crystal Castles" (2008) y "II" (2010), cuyos cortes han sido los más aplaudidos, especialmente su versión de "Not in love" (que en el disco interpretan junto a Robert Smith de The Cure).

En torno a una quincena de temas han sonado esta noche en la capital en un espectáculo sin más palabras que las cantadas por la carismática Alice Glass, un torbellino que pasa casi tanto tiempo dando brincos como simulando una atroz agonía de rodillas sobre el entarimado.

Parapetada como su compañero tras los fuertes contraluces de su puesta en escena, que apenas permitía distinguir su epiléptica silueta, la de su compañero a la mesa de mezclas o la del batería Christopher Chartran, parecía al inicio -nada más lanzar el pie del micro por los aires- que ésta sería una de esas citas antológicas de Glass.

Pero la vocalista que ofreció vodka a los espectadores del Sónar de 2009, la que se lesionó un tobillo en Madrid en 2010 para después rompérselo en Tokio y la que provocó la suspensión de su concierto en Glastonbury 2012 después de subirse a una torre de sonido se ha portado bien esta vez.

Más allá de agitar la melena, desgañitarse en los pasajes más crudos del repertorio como "Do deer" y dejarse mecer levemente por los brazos del público, Glass ha mantenido una compostura que sabe a poco, igual que el segundo plano al que a menudo queda relegada su voz.

La música de Crystal Castles es famosa por jugar con la electrónica que arranca en el synth-pop (o pop con sintetizadores) desde una actitud punk y nihilista, que igual sumerge al oyente en una agitada tiritona o pesadilla que en un suave delirio como el de "Celestica".

Especialmente celebrados han sido el mencionado "Not in love", justo antes de los bises, y "Baptism", al inicio, que ha logrado que el público se desgañitara con Glass en esos versos que claman "And you can't forgive them" (y no puedes perdonarlos, en español).

Al fondo del escenario, como para subrayar ese sentimiento, la imagen del último World Press Photo y que ilustra su último disco. Tomada por el español Samuel Aranda, una mujer ataviada con un burka sostiene a su hijo afectado por gases lacrimógenos tras participar en una manifestación en Yemen contra la dictadura.

"¡Y no puedes perdonarlos!", insiste Glass ante esta piedad musulmana, que mañana agitará conciencias en la sala Razzmatazz de Barcelona y, ya en verano, en el Low Cost Festival de Benidorm (Alicante).

 

El dúo Crystal Castles pasa por Madrid como una febril exhalación