
Digno del mejor guionista. Festivo, en el medio de la semana laborable, con el termómetro librando por encima de los 30 y nublándose al final para que el regreso de las playas no fuese caótico y se quedase en mera retención.
Así se escribió la historia de uno de los dos días de descanso que reserva el verano para quienes aún preparan o ya añoran las vacaciones. Fue, por otra parte, el último de la serie de días de sol y calor. Antes de que se pusiese el sol, el cielo ya anticipó lo que queda camino del fin de semana, aunque el bochorno predecía otra novedad en el verano coruñés: la tormenta.
calles vacías
Lo cierto es que A Coruña pasó buena parte del día desierta. Con la excepción de la Ciudad Vieja y Méndez Núñez, quienes no optaron por la playa decidieron aprovechar los parques para buscar el cobijo de la sombra e incluso la complicidad de alguna fuente.
Es con el sol cuando los usuarios del parque de Vioño descubren reconfortados que los árboles van creciendo y con ellos su sombra. Las cuatro fuentes que manan del suelo son un regalo para los más pequeños y en la zona de columpios hay hasta camas elásticas. Una alternativa para escaparse de los atascos. Que se lo digan a los de Miño. n




















