La débil relación entre la Marea y el PSOE queda reflejada tras el último conflicto

José Manuel García y Xulio Ferreiro conversan antes de un pleno | patricia g. fraga
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El desencuentro de la semana pasada entre la Marea y el Partido Socialista a punto estuvo de echar por tierra la tranquilidad del último medio año entre ambas formaciones. La actuación del Gobierno local propició que el se reviviesen otros momentos del mandato en el que la confrontación fue la nota predominante.
La Marea apostó por llevar a pleno un nuevo cambio en las cuentas con dinero no utilizado del año pasado y que quería destinar a inversiones sostenibles. Al contrario de las últimas ocasiones, no buscó el apoyo previo del PSOE, que avisó que al menos la mitad de los 9,6 millones de euros totales debían ser para amortizar deuda.
Al final será así, a la espera de que se confirme la aprobación en el pleno de mañana, y después de que el Ayuntamiento intentase convencer a los socialistas a la desesperada introduciendo una enmienda al inicio del pleno con la que elevaba hasta 2,5 millones el dinero para reducir deuda, pero esta apuesta salió cruz.
Antes de que el Gobierno local diese marcha atrás por segunda vez transcurrieron varios días en los que el laborioso trabajo de consolidación de la relación entre ambas partes estuvo muy cerca de llegar a su fin.
Esto vino a demostrar que las buenas palabras de los seis últimos meses estuvieron a punto de dar un vuelco en apenas un par de días. Al final, el cambio de postura de la Marea impidió que esto fuese así.
El clima de entendimiento durante los últimos meses permitió al Gobierno local sacar adelante diversos asuntos, principalmente modificados de créditos en el presupuesto. Este último es el décimo en lo que va de año, además de otros tres que corresponden al Instituto Municipal Coruña Espectáculos (IMCE).
Ambas formaciones establecieron una alianza basada en las negociaciones previas, habitualmente sin que se hiciesen públicos muchos detalles por lo menos hasta que hubiese un principio de acuerdo.
En medio de todo ello, los líderes de ambos bandos, el alcalde, Xulio Ferreiro, y el portavoz socialista, José Manuel García, aseguraban que la intención era que el buen ambiente continuase el máximo tiempo posible. Sin embargo, también reconocían que el historial que acompañaba a su relación invitaba a caminar con precaución.

Otros factores
Más allá del enfrentamiento puro porque el Ayuntamiento quisiese el apoyo del PSOE en este cambio en las cuentas sin haber negociado previamente, hubo otros factores que contribuyeron a alimentar la espiral negativa.
El principal fueron los mensajes publicados por el jefe de gabinete del alcalde a través de redes sociales. En ellos calificaba al portavoz socialista de “discípulo” del ministro Montoro, entre otros aspectos. Además, luego llegó a pedir un cambio en la dirección del PSOE. El alcalde fue cuestionado acerca de este último punto y aseguró que no se quería meter en “cuestións de partido”, aunque también apuntó que “todas as opinións son lexítimas”, por las palabras de su asesor.
Estos mensajes provocaron malestar en las filas socialistas, que no entendían muy bien el objetivo de los mismos salvo que hubiese intención de dificultar que se recuperase la armonía reinante hasta ese momento.
Por otra parte, y justo después de que el pleno rechazase el modificado el pasado jueves, Ferreiro explicó que tenía la impresión de que lo que había sucedido tenía que ver con otros ámbitos más allá de la corporación municipal y que suponía que detrás había temas de partido, aunque no quiso ahondar más en el asunto.

Consecuencias
Salvo giro radical de última hora el asunto del modificado quedará mañana aprobado en el pleno, pero en la sesión es previsible que ambas formaciones intercambien mensajes críticos, hecho que en los últimos meses casi no se dio.
Ahora queda por ver hasta qué punto habrá afectado este desencuentro a la relación entre la Marea y el PSOE, que a comienzos de año alcanzó uno de sus puntos de mayor enfrentamiento.
Esto se produjo después de la abrupta ruptura de las negociaciones presupuestarias, en las que ambas partes se repartieron las culpas.
A ello le siguió una cuestión de confianza en la que tanto el Partido Popular como el Partido Socialista demostraron su desacuerdo con la gestión que estaba llevando a cabo el Gobierno local, principalmente el regidor.
Sin embargo, este paso no dio lugar a una moción de censura que hubiese terminado con el mandato de la Marea y abierto una nueva etapa en María Pita. El presupuesto se aprobó, de nuevo, en mayo y con pocas facilidades. Ese fue el punto de inflexión a partir del cual el Gobierno local y la formación socialista, también salpicada por su inestabilidad, acercaron posturas.

La débil relación entre la Marea y el PSOE queda reflejada tras el último conflicto