Reinterpretando tradiciones y culturas

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Aparentemente no son galerías. Sin embargo, las ventanas que proyectaron Covadonga Carrasco y Juan Creus para la casa Chao, en Corcubión, tienen las mismas dimensiones y sobresalen en la fachada como los elementos tradicionales que pueblan a su alrededor. Los recién ganadores del premio Juana de Vega de Arquitectura le sacaron brillo a su idea desde el estudio que tienen en Tinajas. 
Desde allí, salieron los primeros bocetos de una construcción que sustituye a otra vieja en ruinas y que desde hace un año inyecta vida al casco viejo del pueblo coruñés. Además de tener una estética que sintoniza con lo antiguo, le da solución a una manzana que hace años se abrió y dejó al descubierto muros y partes transversales de edificios que vivían en la sombra. 
Esa perspectiva hizo reorientar la fachada de la vivienda precisamente por ese lado: “Ya que se abrió en su momento, había que vestirla”. Cuenta Covadonga que así le dieron calor a la nueva calle y aprovecharon un lado que, en realidad, era el que más longitud tenía: “Es de 16 metros frente a los tres metros de ancho de la parte frontal y la trasera”. Sobre esa superficie, proyectaron la entrada en armonía con las otras dos, “que están tratadas de la misma forma”. 
En un lugar donde la madera es parte de su identidad ya que forma parte de sus moradas, tanto las fijas como las que flotan en el mar, los arquitectos eligieron este material dispuesto en tablones. Para el perímetro de las ventanas, escogieron el cedro. Después crearon un umbral natural, haciendo que la parte superior de la casa saliera hacia delante, en ese vuelo que también dibujan las galerías. 
De esta forma, por dentro se ganó en espacio a través de una escalera desde la que se divisan las distintas alturas: “Permite tener vistas cruzadas” y esto da una sensación de amplitud. Tanto los habitantes como el bloque respiran al no estar cerrado a cuatro paredes. 

varios frentes
La casa unifamiliar fue un encargo. Covadonga explica que la obra laureada es fruto de lo que ellos y los dueños, unas padres de familia, determinaron. De la normativa, a la que tuvieron que adaptarse, y de la tradición, que dicta cómo se trabaja en una zona. 
Porque la cultura también se tiene en cuenta a la hora de crear arquitecturas, el estudio Creus e Carrasco puso toda la carne en el asador para reinterpretar el pasado y ponerlo a andar sobre 150 metros cuadrados que hoy no rompen con su entorno. Conviven y responden a la necesidad de avivar estas partes históricas de las localidades: “Hay que potenciarlas y usarlas, trabajar en ellas”. Con esta criatura colocaron el viernes un trofeo en la estantería. Atrás han diseñado edificios que hoy cohabitan entre otros de piedra tradicionales como la Fundación Seoane. 
Son autores de la casa Mercedes, en Ciudad Jardín, de la lonja de Fisterra y el paseo del puerto de Malpica. Desde 1997, sus manos perfilan bloques que no rompen con el entorno. Actualmente, trabajan en la reforma de la antigua prisión de Lugo, que encerrará en poco tiempo cultura y será epicentro de movimientos sociales. 
El jurado destacó de la Casa Chao el aprovechamiento que hicieron del solar estrecho y la sencillez del conjunto en un Corcubión que cuenta con un punto de vida más sobre una zona en la que existe un plan especial de protección.

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