Un puñado de jóvenes desafía la alerta por mal tiempo para celebrar un botellón en Santa Margarita

Las cintas policiales no detuvieron a los jóvenes durante la noche del sábado | patricia g. fraga
|

La alerta amarilla (en tierra) que se declaró el sábado pasado obligó a cerrar parques y jardines por  la posibilidad de incidentes por caídas de ramas de árboles. Pero eso no disuadió a una decena de jóvenes que decidió ignorar la cinta policial y celebrar un botellón en el parque de Santa Margarita, alrededor de la medianoche. Fueron expulsados de allí por agentes de la Policía Local, que mantienen una fuerte campaña de vigilancia contra el botellón desde que se prohibió en Méndez Núñez, hace ya tres semanas.

Desde entonces, no se ha descorchado ni una sola botella en los emblemáticos jardines, ni ningún joven universitario ha devuelto el contenido de su estómago junto a un indefenso árbol, pero el precio ha sido una constante vigilancia. Méndez Núñez lleva encintado todos las noches de los jueves y los sábados desde el mes pasado, y no por una alerta de temporal, sino para asegurarse de que ningún joven se atreva a sentarse en un banco para darle a la bebida.

“Microbotellones”

Más complicado resulta asegurase de que no surgen “microbotellones”. Es decir, pequeñas reuniones de amigos al calor del alcohol, aprovechando cualquier banco o soportal. Cada noche de fin de semana, los agentes tienen que patrullar una lista de lugares que cada vez se hace más larga. Por ejemplo, el parque de Santa Margarita, a lo que hay que añadir la avenida de Calvo Sotelo. La lista ya incluye 19 puntos distintos, pero los propios policías locales reconocen que no existe un nuevo emplazamiento para el botellón, sino que se dedican a espantar a pandillas dispersas, de no más de diez integrantes, que abandonan el banco en cuanto se lo ordena la Policía Local.

750 euros
es el monto máximo de una multa por perturbar el orden público que podría poner un agente municipal a un juerguista

Para descubrir a los bebedores, los agentes municipales cuentan con la inestimable ayuda de los vecinos, puesto que quien más, quien menos, está preocupado por la posibilidad de que el nuevo botellón se instale cerca de su casa. Pero si no son descubrieron in fraganti, los policías locales recurren a los operarios de Cespa, por la sencilla razón de que son ellos los que descubren las botellas vacías, los vasos de plástico y las bolsas que son los restos inevitables de esta fiesta.

19 puntos
mantienen bajo vigilancia los agentes de la Policía Local para asegurarse de que no se formen pequeños grupos de bebedores

Desde que quedó claro que los juerguistas habían aceptado que no podían entrar en Méndez Nuñez, del amplio dispositivo inicial solo quedó un pequeño retén y la vigilancia policial se fue extendiendo de forma concéntrica, a medida que los universitarios se alejaban más y más de Méndez Núñez. Al principio fueron localizados en los jardines de la Maestranza, los soportales de la plaza de Juan Naya. y la de María Auxiliadora, ambas en Zalaeta y las plazas de Lugo y Pontevedra. Pero también aparecieron en zonas mucho más alejadas del centro, como el parque Europa o el Paseo de los Puentes. A día de hoy, se vigila también el Paseo Marítimo en la zona de Las Esclavas y el parque de Santa Margarita, además del pabellón municipal de Los Rosales.

20 días
han pasado desde que se prohibió la celebración del botellón en Méndez Núñez pero tampoco ha tenido lugar en ninguna otra parte

Para disuadir a los bebedores está la amenaza de las multas, que aún no materializada. La mayoría ignora que no está prohibido beber en la calle, pero la Policía Local no puede actuar si perturban el orden público. Por ejemplo, si están interrumpiendo el descanso vecinal con un exceso de ruido, o depositan basura. Es entonces cuando pueden afrontar multas de hasta 750 euros.

Un puñado de jóvenes desafía la alerta por mal tiempo para celebrar un botellón en Santa Margarita