La creatividad se desplaza a Juan Flórez con The Room

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Comenzaron como el que experimenta con una probeta hace dos años. The Room abría un local en la calle de Santiago importando la idea de que un edificio es capaz de albergar distintas materias. Arrancaron con el reto en la cabeza de hacer ver que el coworking puede beneficiar a las tres partes. A ellos, a los que necesitan un local para mostrar su trabajo y al espectador, que puede encontrarse con un lugar donde sus inquietudes se concentren como el detergente.
Después de este tiempo y con una segunda prolongación en un bajo de la plaza de Azcárraga, The Room se hace mayor y emigra a la calle de Alfonso VII, en la zona de Juan Flórez. Allí, podrán ampliar su oferta y contarán con una mejor acústica para actividades musicales y de naturaleza audiovisual.
En este sentido, uno de los emprendedores de The Room, Pepe, señala que cuentan con abrir a mediados o finales de noviembre y que usarán el local para los temas más creativos y las experiencias de las marcas. Como un lugar donde las tiendas on line adquieran una presencia física y los showrooms extiendan el abanico de posibilidades del consumidor.

dos apartados
En el de la plaza de Azcárraga, la actividad tendrá que ver con materias formativas y deportivas como clases de Pilates y de yoga. Por su parte, la calle de Alfonso VII se convertirá en un nuevo punto donde compartir despacho. Sin tener que responder a la misma naturaleza, los profesionales ocuparán los metros cuadrados del bajo siguiendo las tendencias del este europeo y de Estados Unidos, donde esta práctica está muy extendida. Y al lado de una exposición de arte, de un taller de gintonics o uno de escritura creativa, acamparán personas de traje y corbata con los que portan un pincel en la mano.
Sin ningún tipo de prejuicios, los seguidores del coworking tendrán más espacio para desarrollar su trabajo. En este aspecto, The Room mantendrá su misma política. A golpe de alquiler, el arte en general ganará paredes en blanco. Pepe confiesa que están  satisfechos con lo conseguido porque poco a poco, los coruñeses asimilan el concepto y el boca-oído funciona.
Ellos explican en la web que abandonan su primer nido como el que deja de compartir habitación con su hermano para ganar independencia. Y desplazarse a una habitación más grande en la que continuar progresando.
Y es que The Room es taller tipográfico los días 25 y 26, una arquitectura construida con poemas los martes y jueves hasta el mes de diciembre o un sitio para rebelarse con poesía con Antía Otero, los miércoles. Por su parte, puede ser el origen de un diseñador de interiores, de un experto en collage o la plataforma para que los niños pinten sus emociones sin saberlo. Desde una galería a un lugar para celebrar comidas, The Room se presta a las necesidades del cliente. n

La creatividad se desplaza a Juan Flórez con The Room