El calentamiento global afectará de forma distinta al Ártico y a la Antártida

Vista general de la base chilena Presidente Eduardo Frei Montalva en la Península Fildes, en la Isla del Rey Jorge, de las Islas Shetland del Sur, Antártida. EFE/Archivo
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La investigación, cuyos resultados recoge la revista Marine Ecology Progress Series, ha analizado las relaciones internas de las dos mayores redes tróficas registradas hasta el momento en los polos, la ártica con 145 especies y la antártica con 586.

Su principal conclusión es que el ecosistema ártico es más vulnerable a los cambios que afectan a los predadores, mientras la Antártida es más sensible a las perturbaciones en el nivel de las presas.

Así, constata que el ecosistema ártico, que cuenta con un mayor número de especies depredadoras, es más susceptible a las perturbaciones que afectan a estos niveles superiores de la cadena trófica, como las ballenas y los osos polares.

Este fenómeno, denominado cascada trófica, supone una amenaza importante para el ecosistema, ya que los cambios que afecten a los depredadores afectarán también a las presas.

Por contra, la red trófica antártica muestra el efecto inverso: presenta un mayor número de especies presa por cada especie predadora y es más sensible a los cambios que se producen en los niveles inferiores, como la disminución del krill (crustáceo) antártico por la pesca y el cambio climático.

"La respuesta de las especies al cambio climático no sólo depende de sus necesidades térmicas, sino también de las necesidades de sus presas y depredadores. Hay, por tanto, una necesidad de ampliar el enfoque", afirma Charles Santana, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, centro mixto del CSIC y la Universidad de Baleares.

El océano Ártico y la Península Antártica son dos de las regiones planetarias donde se están sintiendo con mayor intensidad los efectos del cambio climático.

Mientras en el resto del mundo se ha registrado un aumento promedio de temperatura de 0,5 grados desde 1950, en estas dos regiones polares se ha registrado un incremento de 1,5 grados.

Este aumento de temperatura tiene serios efectos en el derretimiento de la cubierta de hielo marino, un hábitat crítico para la mayoría de las especies polares, que son particularmente vulnerables a estos cambios.

Uno de los ejemplos más representativos es el krill, un crustáceo estratégico en la biología antártica y que constituye uno de los eslabones más importantes de la red trófica.

Este organismo disminuyó sesenta veces su abundancia en el Océano del Sur entre 1970 y 2003.

El calentamiento global afectará de forma distinta al Ártico y a la Antártida