Los socorristas acaban la temporada sin tener que hacer ninguna reanimación

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A las ocho de la tarde de ayer se dio por concluida la temporada de socorrismo que se ha caracterizado por una tranquilidad insólita, más incluso que la que se ha vivido en anteriores veranos: por primera vez desde que el Ayuntamiento contrata este servicio, no ha sido necesario que los socorristas realizaran una sola Reanimación Cardiopulmonar (RCP), lo que  prueba que no solo ha habido que lamentar ningún ahogamiento sino que ningún bañista ha estado cerca siquiera de perecer por esta causa. 

A falta de que se conozcan las estadísticas oficiales, el número de incidencias atendidas por los socorristas también ha descendido notablemente, contabilizándose poco más de 700, cuando en anteriores temporadas se superaba holgadamente esta cifra. Cortes, erosiones, sofocos por el calor (aunque no hubo olas térmicas) o las picaduras del temido escarapote son los casos más frecuentes que han tenido que afrontar. 

Otros años los que han dado más sustos es el grupo de jubilados conocidos como los “tiburones de Riazor”, que pasan gran parte del año tomando el sol entre las rocas. Algunos de ellos han sufrido fallos cardíacos al pisar el agua, pero como los socorristas están al tanto de esto, los vigilan de cerca y acuden al rescate inmediatamente, llegando a salvar a varios de ellos in extremis. Sin embargo, esta vez los “tiburones” no han dado motivo de quejas. 

En cambio, los socorristas han tenido que atender bastantes incidencias en el Paseo Marítimo, protagonizadas por transeúntes que se caían o sufrían un malestar durante su paseo. 

Incidentes
De hecho, el primer “rescate” importante que tuvo lugar este año  por parte de los socorristas fue un accidente de tráfico que tuvo lugar el 14 de julio. Un conductor perdió el control de su vehículo que quedó volcado boca abajo bloqueando la entrada del párking público frente a la calle Sol, y los socorristas eran los servicios de emergencia más cercanos, así que actuaron. 

Pero si que se realizaron algunos rescates. El dos de septiembre, por ejemplo, salvaron a un percebeiro, que se encontraba flotando junto a las rocas de Aquarium Finisterrae. Al parecer, había bajado a faenar el molusco que crece en esas rocas aprovechando la marea, que estaba muy baja, pero no pudo volver a subir por sus propios medios. Un testigo de su situación alertó a las autoridades, y rápidamente fue rescatado.

La única muerte en el agua que hubo que lamentar este año no fue en la playa: un hombre de 40 años que se precipitó a las rocas frente al Millennium durante la tarde del 20 de julio.

Los socorristas acaban la temporada sin tener que hacer ninguna reanimación