Raphael le saca punta a su lado más sinfónico en una noche con miles de “jallos” en el Coliseo

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Con 72 años físicos, Raphael confirmó que la actitud es lo que marca la diferencia en un concierto donde su voz se puso al servicio de lo sinfónico para disparar un hit tras otro, así hasta 36. Los arropó con una orquesta de fondo que en ciertos temas se simplificó a un piano o una guitarra y que hizo explosionar al Palacio de la Ópera en un fin de fiesta “escandaloso” donde todos corearon aquella de “ámame” y “frente al espejo”, repitieron una vez más que “yo soy aquel” y que con la fuerzas de los mares, “yo te amo”. 
El de Linares ofreció cerca de tres horas de recital y mientras su público volvía a vivir otra “gran noche” en la que “digan lo que digan”, Raphael sigue llenando y gustando, al otro lado de la ciudad, cerca de 4.000 amantes del rock se daban cita en el Coliseo para ver desfilar a referentes de la escena nacional como La Fuga, Mago de Oz y Heredeiros da Crus con un hueco también para los locales Änima, que hicieron calentar motores a los de la sección del foso. A la vez que el andaluz confesó una vez más que “Estuve enamorado”, “Desde aquel día”, y pidió “Detenedla ya” para hablar de “nostalgias” con la compañía de un piano y de “sombras”, el pabellón se llenaba de puntitos negros dispuestos a darlo todo. El cuarteto local arrancó la tercera edición del festival Oiste’s Rock que dio paso a los que aseguran vivir más despiertos que dormidos y aliarse con el folk barnizado de metal en una “fiesta pagana en la hoguera hay de beber”. 
Mago de Oz supuso el segundo de los subidones de la jornada y ambos eventos detuvieron el reloj de los asistentes porque si bien el andaluz no paró hasta regalar a los suyos los temas que lo llevaron a lo más alto, en el multiusos de Lavedra, los tres primeros en salir a la pista le pusieron el listón muy alto a los cabeza de cartel, que convirtieron el Coliseo en un corral con cientos de “jallos” cacareando. 
Y es que lejos de defraudar, Heredeiros da Crus se metieron a los suyos en el bolsillo desde el primer minuto, algo que ya presagiaban los promotores del concierto, Aledate, cuando los anunciaron para la fecha: “La gente quiere el producto de aquí”. Y la gente cantó hasta bien adentrada la madrugada sus estribillos porque querían “josar” y morir “anfarmados cunha botella na man”. Su comunidad de “pastores alemanes” volvió a vibrar con una formación que no deja nada y eso es de agradecer. 
Unos y otros se fueron a casa con la satisfacción de disfrutar de un ídolo y una colección de bandas de rock que colmaron la sed de los que apenas tienen eventos de este tipo en la ciudad. Y el escenario se quedó vacío a la espera de que Gemeliers y otro grande, Silvio, vuelva a llenarlo con una isla y una revolución.

Raphael le saca punta a su lado más sinfónico en una noche con miles de “jallos” en el Coliseo