El pago del arreglo de las murallas coruñesas, un asunto que generó polémica

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El 19 de septiembre de 1635 se libra una orden del marqués de Mancera, del consejo de guerra de su majestad, su gobernador y capitán general en el Reino de Galicia. Que por orden de las reales cédulas manda que los reparos que fuesen necesarios se hiciesen en las murallas por cuenta de sus propios y sus rentas, y que esto sea observado en todos los reparos de cuantas murallas se han hecho hasta ahora. 

Y necesita esos reparos el lienzo de la muralla que va desde la casa de su excelencia hasta la puerta por donde se va para el Hospital de la Caridad y monasterio de San Francisco, por estar derruida por algunas partes y con algunos agujeros, todo lo cual amenaza ruina y tiene peligro de caer, además del que podía sufrir la ciudad si llegase alguna embarcación enemiga. También necesita que se repare y allane desde el callejón que entra para ella entre las casas del capitán Diego Bermúdez y Juan de San Pedro, y que la artillería que fuera necesaria se ponga en el baluarte contiguo a la dicha casa del marqués y se pueda llevar con comodidad. 

Ordena su excelencia que se notifique a la justicia y regimiento de esta ciudad, como oficiales que debían hacer la obra, pagando de los propios y rentas de otras cosas que estén destinadas para el efecto, comenzar a ejecutarla hasta acabarla, con apercibimiento, y ordena que el ayudante del sargento mayor Benito Álvarez Seoane haga cumplir este auto, y para ello junte a los regidores en su ayuntamiento y le haga notorio este auto al teniente de corregidor de esta ciudad.

Acuerdo
El Concejo tomó el 21 de noviembre el siguiente acuerdo: “Desde tiempo inmemorial hasta ahora se han reparado las murallas y reedificado con la Hacienda de su majestad y así se hizo desde la casa de la cárcel, hasta más abajo de la casa del almirante Juan Pardo. En tiempo del señor Diego de las Mariñas, desde el Torreón de Santa Bárbara hasta la puerta que va a San Francisco y otra muralla que también hizo y reedificó y otros pedazos más de torreones y muralla que se reedificaron después, todo por cuenta de la Hacienda Real, y no se debe poner ahora en pleito lo que siempre se aguarda y la posesión y libertad que la ciudad en esto tiene. Por cédulas reales no se ejecutaron, informada su majestad pagó los reparos que en las murallas se hicieron. Esta ciudad y sus vecinos no tienen posibles para reedificar y repararlas ni los propios de la ciudad llegan para las necesidades precisas que cada año tienen y es muy de consideración no obligar a semejante contribución, cuando de ordinario los vecinos acuden a las guardias y a todo que se ofrece el servicio de su majestad con sus personas y barcos a los aprestos de las armadas y navíos de su majestad que aquí acuden. 

Cuando su majestad no tuviera obligación a reparar y reedificar las murallas de esta ciudad, todo el Reino había de acudir al reparo de ellos por ser esta fuerza su principal defensa. A vuestra excelencia suplico en justicia recibir información, en vista de todo ello reformar dicho auto. Pido justicia y me ofrezco a procurar lo necesario. El licenciado Vañales Fajardo”.

Se libra una provisión el 19 de septiembre de 1636, en la que indica que se notifique a la justicia y regimiento de la ciudad a pagar el gasto que se hizo en las murallas antiguas y la plaza, conforme al decreto de 20 de noviembre de 1635. Si no lo cumplen, pide que se haga reunir al Ayuntamiento y se ejecute este auto, nombrando corregidor al regidor Fernando de Gamarra, en cuanto que la mayor parte de los regidores de esta ciudad, están ausentes en sus labores y vendimias y de los que están en la ciudad, de camino para irse a ellas, solo se juntaron los que pudieron, que fueron tres, para el negocio del servicio de su majestad, en razón de sus reales rentas.

Orden de cárcel
El 16 de enero de 1637 se envía una notificación que reza: “Ante mí, escribano, el ayudante Baltasar Enríquez de León, Sargento mayor de este presidio, notifica al teniente corregidor de esta ciudad para que se ejecutasen los acuerdos y no lo habían hecho y ahora tenía orden del marqués de Mancera para encarcelarlos, por cuyo cumplimiento mandó notificar al corregidor de la ciudad, Jerónimo Rapela y Savedra, quien asintió obedecer y dispuso que Pedro Alonso llame a los regidores para hacer ayuntamiento. Ante mí, Antonio de Sea”.

Posteriormente el 18 de enero de 1638, el Concejo acuerda que, dentro de las casas de ayuntamiento, para no pagar reparo de la muralla ni otras fortificaciones, se suplica al juez de cuanto reparo de murallas y fortificaciones de este presidio no se hubiere de hacer por cuenta de la Real Hacienda, como así se ha hecho siempre, y se tendría que hacer por cuenta de todo el Reino. 

Pago de los reparos
Más tarde sigue una provisión del 19 de septiembre que insta a pagar los reparos de las murallas. “Paguen los reparos que se han hecho en las murallas con amonestación, que les pondrá Juan Dios, y no volverán a dichas casas de ayuntamiento hasta que cumplan lo cual dijeron, que obedecían con el respeto debido y acato a su cumplimiento, que esta ciudad nunca ha pagado ni ha ayudado a pagar estos reparos ni tampoco se excusaron de ello”, rezaba el documento, que también añadía que “vista la respuesta dada por la justicia y su regimiento, que no cumple con lo que se le manda, no salgan de las casas de ayuntamiento y se haga lo que así se exige, bajo pena, ponga guardias, cuatro soldados de este presidio, a los cuales mando no dejen salir a ninguno de los regidores, hasta que su excelencia ordene otra cosa”, y firmaba “Antonio García de Lema=Ante mí, Diego del Río”.

Finalmente se toma el acuerdo de que se cumpla y se paguen los seis cuentos, 98 reales y 24 maravedíes que se deben de los reparos de las murallas, con protesta de Agra Vallés. Se acompaña relación de las personas que participaron en los arreglos y su importe a percibir, así como el transporte de cal, piedras y treinta picos.

El pago del arreglo de las murallas coruñesas, un asunto que generó polémica

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