Los refugiados sirios creen “vergonzosa” la respuesta a la crisis por parte de Europa

A Syrian refugee woman carrying her child looks at the convoy of U.N. High Commissioner for Refugees (UNHCR) Filippo Grandi as he visits Al Zaatari refugee camp in the Jordanian city of Mafraq, near the border with Syria, January 18, 2016. REUTERS/Muhamma
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El periodista sirio Mazen Darwish acaba de llegar al continente junto a su mujer, Yara Bader, después de más de tres años en las cárceles del régimen de Al Assad y, a pesar de sentirse agradecido, cree “vergonzosa” la respuesta a la crisis por parte de Europa.
A Darwish lo detuvieron en 2012 por su labor al frente del Centro Sirio de Medios, desde el que denunció las violaciones de los Derechos Humanos durante el primer año de guerra, y Bader inició entonces una campaña internacional para conseguir su liberación, que llegó en 2015.
Desde noviembre están en Alemania. “Nos sentimos muy afortunados porque todavía estamos vivos, pues muchos colegas que no lo pueden contar porque han muerto”, dice Darwish en un encuentro con la prensa española organizado por Reporteros Sin Fronteras (RSF).
“Como refugiado en Alemania, me siento muy agradecido de que nos acojan, como es obvio, pero este agradecimiento se mezcla con el dolor porque hemos tenido que dejar nuestro país por miedo, por miedo al régimen sirio, por miedo a las facciones armadas, por miedo al terrorismo”, cuenta Darwisch.
Bader, cuya familia también está en Alemania, destaca que “la gente es increíblemente agradable”, pero subraya que ser refugiado “no es nada fácil”. “De repente no tienes casa, vives con una maleta. Cualquier cosa relacionada con tu rutina diaria cambia. Estás muy asustado, es como si no hubiera tierra bajo tus pies”, relata. Ambos insisten en que, aunque “sobre el papel todo es idílico, la realidad es otra”. “Ser refugiado no es nada agradable”, cuenta el periodista. Su mujer explica que los recién llegados se enfrentan a “una idea caricaturizada”. “No saben nada de nosotros, excepto que somos musulmanes y los musulmanes matan para ir al paraíso, eso es lo que ha conseguido el EI”, señala Bader.

Solución Real
El matrimonio es consciente del reto que supone la masiva afluencia pero lamenta que “mientras Líbano, un país pequeño, acoge a dos millones de refugiados sirios, países como España, EEUU o Rusia se niegan a dar asilo a estas personas”. “Es algo vergonzoso”, dice Mazen Darwish.
“En Siria hay 23 millones de personas que se pueden repartir por todo el mundo, pero el problema es que hay muchísima gente que quiere vivir en su país y se ve obligada a dejarlo bajo el yugo del régimen, del Estado Islámico, de la intolerancia y de la violencia”, recuerda.
Darwish considera que “hay que ir a la raíz del problema” y buscar una “solución real para Siria”. En este sentido, opina que el incipiente diálogo de paz entre el Gobierno y la oposición, que se desarrolla en Ginebra bajo el auspicio del enviado de la ONU, Staffan de Mistura, “ofrece algo de luz al final del túnel”.
Interrogado sobre su “hoja de ruta”, aclara que no posee “una varita mágica”, pero defiende la necesidad de parar la guerra. “Hay que poner una línea roja, decir ‘hasta aquí hemos llegado’. No se puede seguir matando a civiles. No se puede asesinar a la población”, afirma.
Sobre los siguientes pasos, indica que el final de la guerra siria pasa por “una solución regional” porque “estamos ante una crisis internacional” en la que se enfrentan, no solo intereses domésticos, sino grandes potencias como Irán y Arabia Saudí o Rusia y Estados Unidos.
“Si hay algo bueno en todo esto es que el mundo es consciente de que el problema lo tenemos todos”, estima. “El mundo es ahora una aldea global en la que no hay crisis internas”, argumenta Darwish.

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